El pasado mes de septiembre fue prolífico en noticias, llevándose casi todas las pantallas la visita del papa Francisco a Colombia, con la cual el Gobierno Nacional y sus áulicos en los medios de comunicación pretendieron imponer una cortina de humo que cubriera los asquerosos escándalos de corrupción de “magistrados” de las Altas Cortes y “honorables padres de la patria”, quienes con su falta de escrúpulos han gobernado, dirigido y aplicado justicia durante al menos los últimos cincuenta años en el país. Pero resulta que el primer jerarca de la Iglesia Católica, Francisco, les enrostró el lodo y les recordó la cloaca en que han convertido a una Nación empobrecida, con empresarios quebrados, trabajadores con salarios de hambre –si es que encuentran empleos dignos– y todos los recursos puestos al servicio de unos “poderosos” nacionales e internacionales que acaparan la riqueza del país.

Apenas viajó Francisco, Colombia regresó a la realidad y muchos sectores comenzaron a aceptar las verdades que nos planteó. Amén de ello, un hecho podría marcar el porvenir de Colombia, si se logra concitar las voluntades de millones de habitantes afectados por el modelo neoliberal. Se trata del lanzamiento, el 18 de septiembre pasado, de la “Coalición Ciudadana por Colombia”, una unión de los partidos Alianza Verde, Polo Democrático Alternativo y Compromiso Ciudadano, que en cabeza de sus aspirantes presidenciales, Claudia López, Jorge Robledo y Sergio Fajardo, respectivamente, se comprometieron a “trabajar para presentar al país un candidato único a la Presidencia de la República y una propuesta de listas unificadas al Congreso en las elecciones de 2018, con un programa de gobierno que ofrezca superar la profunda crisis del Estado colombiano y la marginalidad económica y social de buena parte de la población. La indignación creciente y generalizada por el círculo de corrupción, clientelismo e impunidad que ha hundido a las instituciones colombianas en una profunda crisis de legitimidad, hace necesaria y urgente esta Coalición que rompe con las formas tradicionales de hacer política y la polarización de la sociedad, y propone una alternativa independiente, con soluciones a los problemas económicos, ambientales y sociales del país”. De la lectura de su Declaración de Principios se puede inferir un verdadero catálogo de su programa de gobierno.

Otro hecho trascendental, que complementa el anterior, sucedió el 23 del mismo mes cuando el Polo Democrático Alternativo, con cerca de dos mil quinientos delegados de todo el país, proclamó la candidatura presidencial del mejor senador de Colombia, Jorge Enrique Robledo, quien con la consigna “Le toca a Colombia” hizo un análisis de la situación económica, social y política, fustigando a la dirigencia que por cincuenta años ha derrochado los recursos, de los cuales la inmensa mayoría va a dar a las multinacionales mientras billones de pesos han quedado en manos de la corrupción. “Un día, en un ascensor, una señora me dijo: “Estamos mamados. No, ¡remamados!”, a lo que un joven agregó: “de los mismos con las mismas”. Y por donde voy, entre costeños y cachacos, trabajadores y empresarios y del estrato uno al veinte, escucho igual reclamo”, dijo Robledo.

Esto es cierto. ¡Ahora nos toca a los colombianos!

Por: José Arlex Arias Arias
José Arlex Arias Arias