Lo que estos empleados de crematorio hacían con los cadáveres no tiene perdón

435

Félix Goldsztein luchó dos años con todas sus fuerzas contra una enfermedad terminal. Pero, falleció el 21 de junio pasado. Era amante de la pesca y le pidió a su familia que, cuando no estuviera más, cremaran su cuerpo y arrojaran las cenizas en la laguna de Chascomús. En una ceremonia íntima, los familiares cumplieron con el deseo. En ese momento nadie se imaginó que habían sido estafados y que el cadáver todavía estaba en el crematorio del cementerio municipal.

Pero la familia Goldsztein no fue la única en ser engañada por el concesionario del crematorio del Cementerio Municipal de Chascomús: la Justicia allanó el lugar y encontró otros tres cuerpos sin cremar. La sospecha de los investigadores es que la intención era enterrar a los cadáveres en el osario municipal.

La causa está a cargo de la fiscal de Chascomús, Daniela Bertoletti Tramuja, que indagó a Ernesto Machado, a cargo del concesionario del crematorio: está acusado del delito de estafas reiteradas

 Otros casos de sospechas de irregularidades

“La intención de los investigadores es elevar cuanto antes la causa a juicio y llegar a una condena por la estafa de la que fueron víctimas los familiares de las personas fallecidas”, explicaron fuentes judiciales.

Según informaron los voceros consultados, Machado tiene otras dos causas elevadas a juicio por el delito de estafas. La causa será elevada a juicio después de terminar con una serie de medidas de prueba.

La familia Goldsztein pagó $4200 por el servicio del crematorio. “Uno nunca va a pensar que el cofre que te entregan no tiene las cenizas de tu ser querido. Entonces hicimos lo que él nos pidió y fuimos al muelle de la laguna, donde él pasó muchas noches como amante de la pesca”, sostuvo a LA NACION Mauro Goldsztein, que fue quien tuvo que reconocer, por fotografías, que el cuerpo de su padre era una de los cuatro cadáveres hallados en el crematorio de Chascomús.

Los Goldsztein no sabían nada de lo que había pasado hasta una semana después de la ceremonia íntima que hicieron en la laguna de Chascomús cuando les llegó una cédula judicial de la fiscalía de Bertoletti Tramuja.

Nunca se imaginaron qué estaba investigando la representante del Ministerio Público. Mauro acompañó a su madre, Mirta, a la fiscalía. Como los funcionarios judiciales le preguntaron a la viuda cómo había sido el servicio para la cremación, la mujer explicó que había sido su hijo el que se había encargado de dicho tema.

Entonces, Mirta de Goldsztein salió de la oficina para que ingresara su hijo. Todavía nadie sabía que había pasado. Pensaban que se trataba de una serie de irregularidades en el crematorio, pero no se les pasaba por la cabeza cuál era el inconveniente.

Entonces, fue Mauro el primero de la familia Goldsztein que se enteró qué pasaba en el cementerio municipal de Chascomús. “En la fiscalía me contaron que habían hecho un allanamiento en el crematorio porque vecinos del lugar habían denunciado olores nauseabundos y que habían descubierto cuatro cuerpos sin cremar y tuve que reconocer por fotografías el cuerpo de mi padre”, recordó.

Cuando supo la verdad, Goldsztein, de 38 años, se sintió estafado e indignado. “Tuve mucha angustia, bronca y se volvió a abrir una herida que comenzaba a curarse. De un plumazo me borraron el último recuerdo que tenía de mi padre. Me tuve que enfrentar a una imagen muy cruda”, agregó.

Sin habilitación

A fines de junio pasado, según informaron fuentes oficiales a LA NACION, la Municipalidad de Chascomús revocó la habilitación del crematorio en favor de Machado, el acusado. El escándalo tuvo amplia difusión en los medios locales desde entonces.

El crematorio se había inaugurado en agosto del año pasado. “La hipótesis principal es que se cobraba el servicio, pero no se llegaba a cremar los cuerpos porque el concesionario no tenía el dinero para enfrentar los costos”, explicó una fuente judicial.

Si bien en el allanamiento los investigadores encontraron cuatro cuerpos, se sospecha que la estafa habría comenzado seis meses atrás. “Suponemos que los cuerpos terminaban sin identificación en la fosa común del cementerio”.

La pesadilla para la familia Goldsztein todavía no terminó. La Justicia aún no le entregó el cuerpo de Félix. “Lo más grave es que como es prueba del delito, todavía no nos entregan los restos de mi padre. Los que nos pasó es algo indeseable. Desde hace más de dos meses que no puedo conciliar el sueño”, sostuvo.

Califica la noticia

Permitida su reproducción total o parcial citando la fuente