La paz no es algo irreal. Pertenece al campo de aquellos bienes morales y políticos cuya existencia verdadera y efectiva puede ser descubierta y percibida en todos los paradigmas de comportamiento que se oponen a la injusticia, a la brutalidad y a las diversas formas de opresión y explotación de unos hombres por otros. La paz puede ser buscada y encontrada, pues se identifica estrechamente con el establecimiento de fraternales relaciones interhumanas, con la eliminación de las estructuras inicuas, con la superación de los odios heredados, con todo lo que significa plenitud personal y común prosperidad.

La paz no es tampoco algo imposible. En un mundo repleto de acciones violentas, de políticos corruptos que manejan el poder a su antojo, de mentiras por los dignatarios que en campaña política pregonan una cosa, buscando hacer más competitivo al país: reduciría los impuestos de renta a las pequeñas y medianas empresas; generaría incentivos –como eliminar el IVA a los bienes de capital– para impulsar el crecimiento del país y buscaría simplificar la compleja estructura tributaria; pero cuando están en el poder ejecutan otra distinta sin importarle el pueblo que lo eligió y confió en el, por eso como un baldado de agua fría cayó, la propuesta del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla de gravar con IVA la canasta familiar y resulta valido esperarla como algo que puede ser, porque ella tiene su raíz en el interior del hombre: en sus pensamientos, en sus sentimientos y en sus decisiones; por eso la paz se logra cuando se respeta los derechos “iguales e inalienables” de la persona que emanan de su dignidad, ser digno es lo mismo que ser acreedor de respeto.

Sin embargo, resulta engañoso concebir la paz como un simple estado de cosas, como una situación dada que, a semejanza de la guerra, tiene fecha de comienzo. No. La paz nunca puede ser el resultado de un acontecimiento. La paz se da siempre como fruto de un proceso, como culminación de una marcha en la cual “se hace camino al andar”. La paz no se declara ni se impone. Debe ser construida paso a paso y etapa por etapa, con abnegación, fidelidad y constancia.

Algunos tienen de la paz una visión restringida y negativa, porque la identifican con la suspensión de hostilidades o con el término del conflicto armado. La paz no es simplemente lo contrario de la guerra. La paz autentica y perdurable consiste en algo más que en deponer las armas y en rellenar las trincheras. La paz genuina es la que se funda en la justicia: la que surge cuando cada uno, como partícipe de un orden recto, tiene cuanto le corresponde y pertenece.

Si la paz resulta de “dar a cada uno lo que le es debido”, la primera condición para edificarla es el respeto eficaz por los derechos humanos. Mientras eso derechos estén sometidos a la vulneración o expuestos a la amenaza podrá haber para ciertos privilegiados “seguridad” y “tranquilidad”, pero otros padecerán desigualdades, atropellos, desequilibrios, opresiones y carencias. Allí donde los derechos fundamentales de la persona son permanentemente injuriados hay una situación de injusticia que dificulta y estorba el logro de la paz verdadera: la paz que impera cuando gobernantes y gobernados cumplen sus deberes como protagonistas de acciones justas.

La paz no florecerá mientras haya reiterados abusos y crímenes sin castigo, como los denunciados por el sindicato de la alcaldía ante los entes de control (Fiscalía, Procuraduría, Contraloría y Personería) y la opinión ciudadana, donde pidieron que se investiguen los actos administrativos firmados durante el encargo de los últimos alcalde en especial de Sergio Londoño Zurek, por “la presunta ineficiencia de la administración Distrital en su cabeza, con los mismos vicios politiqueros de quienes han gobernado en la última década y quien ha desconocido la verdadera labor de un alcalde en favor de la ciudad”. La paz no podrá ser alcanzada mientras los autores de la corrupción se pasean orondamente beneficiándose con la impunidad o con la indulgencia. La paz seguirá estando ausente mientras se condecore a los que han abusado de su autoridad para infringir la constitución, las Leyes y los pactos internacionales. ¿Lograremos la Paz, con unos dignatarios mentirosos?

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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