El número de personas que superan los 100 años se ha triplicado en España en la última década, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El crecimiento exponencial de la población centenaria no solo se ha producido en esta nación europea; es una tendencia observable en todos los países demográficamente avanzados en los últimos 40 años. En Estados Unidos, por ejemplo, el número de personas con más de 100 años ha aumentado un 44% desde el año 2000, mientras que en Reino Unido el aumento ha sido de un 72%.

Incluso los profesionales que estudian los cambios en la población están asombrados. “No hace mucho tiempo, esto era algo muy raro en nuestra sociedad” afirma William H. Frey, un veterano demógrafo estadounidense de la Brookings Institution. Y es que no fue hasta las últimas décadas del pasado siglo cuando la esperanza de vida comenzó a aumentar. En la edad de hierro y bronce, un niño recién nacido podía esperar vivir unos 20 años, y eso si superaba los años de infancia, ya que las tasas de mortalidad asociadas a la edad infantil eran muy altas. Al inicio del siglo XIX, las personas vivían una media de entre 30 y 40 años, mientras que un siglo más tarde, una persona con 50 años ya era considerada un anciano.

Fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando la expectativa de vida de las personas aumentó de forma espectacular, con un incremento del 50%, el equivalente a lo que creció desde la edad de hierro hasta el año 1900.

La transformación del ciclo vital, con un aumento en la longevidad en los últimos años, se debe, sobre todo, a la aparición de las vacunas y antibióticos, a las mejoras en las condiciones de higiene, y a los grandes avances tecnológicos en el campo médico.

Sin embargo, esta emergencia de la población centenaria presenta múltiples desafíos. Hoy en día, ningún estado se encuentra preparado para manejar un número tan grande de personas mayores, sobre todo porque la esperanza de vida de las personas longevas va a seguir aumentando en los próximos años. Según el demógrafo estadounidense James Vaupel hasta ahora no existe evidencia empírica de que haya un límite en la esperanza de vida del ser humano. Por ello, si cada vez habrá más personas que empiecen a superar el umbral del siglo, es imprescindible que la sociedad se reorganice y que las gobiernos comiencen a planificar de cara al futuro.

Las personas mayores deberán encontrar y desarrollar una actividad con la que sentirse realizados y satisfechos, y así contribuir a este profundo cambio. Si el siglo XX fue el siglo de la redistribución de la renta, el siglo XXI será el de la redistribución del trabajo entre las distintas clases de población y a lo largo de las distintas etapas vitales. Combinar trabajo, educación, placer y crianza de los hijos a lo largo de las distintas edades de la vida será de lo más normal. ¿Quién dijo que cien años son muchos años?

Por: Sara Mosleh Moreno
Periodista

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