En la actualidad el mundo del e-commerce vive un gran auge y un desarrollo sin precedentes. Sin embargo, el fraude en las plataformas de compra online sigue preocupando y supone un reto, en especial, para los negocios más pequeños y para quienes están emprendiendo un nuevo proyecto.

En el contexto global actual, es relevante saber que, de acuerdo con el Reporte Global 2020 / 2021 de Global Entrepreneurship Monitor, cerca de un 43% de los emprendedores tuvo que suspender o cerrar su negocio debido a la pandemia; y que el National Entrepreneurship Context Index, cuya escala es del 1 al 10, ubica a países latinoamericanos en posiciones bajas en lo que respecta al estado de la economía para proyectos de emprendimiento: Colombia, lugar 20, con 4.6 puntos; Brasil, lugar 31, con 4.2 puntos; y México, lugar 34, con 4.1 puntos.
Por esta razón, presentamos los cuatro retos que puede generar el fraude en los pequeños negocios (mipymes).

Pérdidas en tiempo

La pérdida innecesaria de tiempo que supone lidiar con el fraude es impresionante. Esto es particularmente remarcable si las estafas ocurren a gran escala. Por ejemplo, en cada uno de los casos en los que se está realizando un engaño, el criminal podría estar estafando más veces en distintos momentos y a diversos clientes, todo ello en un periodo de tiempo breve.

Este factor impactará la productividad promedio de una empresa además de ocasionar pérdidas sustanciales de dinero.

El costo de los contracargos

En el caso de los negocios pequeños, hay que tener en cuenta el gasto que van a suponer los contracargos ocasionados por fraude en transacciones online. Además de tener que pagar el monto que al cliente le han cobrado de forma engañosa, el emprendedor o empresa es quien debe hacerse responsable de pagar la comisión correspondiente.

Las comisiones

Desgraciadamente también son los negocios los que tienen que hacerse cargo de las comisiones en el caso del fraude. Esto incluso si la reclamación se resuelve a favor de la empresa.

Para comprenderlo mejor, imaginemos que un cliente ha sufrido una estafa realizando una compra online de una marca de ropa determinada. Es el dueño del negocio quien procederá entonces a reclamar el dinero de esa compra y quien tratará de probar que la actividad llevada a cabo fue fraudulenta. Aunque esta situación finalmente se resuelva a su favor, la empresa no recibirá compensación por la comisión que se le haya cobrado de antemano.

Estos cargos que derivan de las comisiones podrían abrumar fácilmente a los pequeños negocios que cuentan con recursos limitados. Así pues, implementar unas políticas antifraude es siempre una buena inversión.

Riesgo reputacional

Cuando una empresa se ve envuelta en un tema de fraude, es fácil caer en riesgos reputacionales que ocasionan daños en la imagen o en otros campos del negocio. Hay que destacar que una crisis reputacional mal gestionada podría resultar muy cara o incluso demoledora para los pequeños negocios, y también para los grandes. Estas crisis podrían tener dos efectos:

Los clientes no van a querer realizar compras en la tienda online de la empresa afectada para no ser sujetos de fraude. Además, cabe destacar que cuando las personas escuchan la palabra “fraude” sienten una gran preocupación sobre todo cuando va asociada a ciertos negocios particulares. Esto se debe en gran medida a escenarios como el de Equifax Breach, que llevó a mucha gente a ser escéptica sobre la seguridad a la hora de gestionar y gastar dinero en línea.

Esto sin contar con que los criminales del ciberespacio pueden obtener información de los clientes y no solo cometer ilícitos en el momento mismo, sino que además podrán utilizar esta información en el futuro.

Por eso, a medida que más y más empresas confían en las plataformas de comercio electrónico para llegar a sus clientes, las transacciones fraudulentas plantean un problema importante para los comerciantes en mercados de todo el mundo.

Por: Erika Paola Ardila