Las migajas con las que el presidente Duque ha pretendido subsanar la crisis económica que ha producido la Pandemia en la población más vulnerable del país distan mucho, pero muchísimo, de los 370 millones de dólares ofrecidos o autorizados a Avianca para que reanude sus actividades, dólares que “traducidos” a pesos colombianos son, 1.38 billones.

Son dineros que el Presidente ha tomado del Fondo de Mitigación de Emergencia, el FOME, para entregárselos a la quebrada empresa, supere sus apuros financieros y pueda, según el argumento del salvamento de más de 500.000 mil empleos, continuar prestando su regular servicio a los colombianos.

Indudablemente la inquietante decisión presidencial estaba preconcebida, y tenía a Avianca en la mira de ser la gran beneficiaria cuando en el mes de marzo del presente año, dictó el decreto 444, el de la creación del Fondo de Mitigación de Emergencia, en el cual incorporó el “mico” de la financiación a empresas privadas, públicas o mixtas que desarrollen actividades de interés nacional y hubiesen sido afectadas por la Pandemia, pero que maquilló diciendo que el tal Fondo sería “…para atender a los más vulnerables frente al coronavirus…”.

La pregunta obvia sería, ¿para el presidente Duque quienes son los más vulnerables? o, ¿será que Duque considera a Avianca dentro del ámbito de los más vulnerables? o, ¿será vulnerable una quebrada empresa privada, como Avianca, en bancarrota antes de la Pandemia, y que, además, no es colombiana?

Vulnerables son en verdad todos aquellos empresarios, que ven como el presidente Duque le resuelve el problema económico a la quebrada Avianca, pero que, a ellos, a pesar de las presidenciales y diarias promesas y anuncios televisivos siguen sufriendo las desesperanzas y desilusiones del sistema financiero que les mantiene cerradas sus puertas.

Vulnerables son todos aquellos que en los puntos de retiro de los tales subsidios solidarios ya “tienen hecha una zanja” ante las insistentes y frecuentes indagaciones por la aparición de su nombre en el listado de beneficiarios, recordándonos las escenas del Coronel, el de García Márquez, el que todos los viernes, y durante quince años, estuvo yendo a la oficina de correos esperando que le llegara su carta de jubilación que nunca le llegó.

Ahora, en cuanto a que el insólito crédito autorizado por el gobierno nacional a una empresa privada declarada en bancarrota, como Avianca, sea un verdadero crédito y no un encubierto auxilio o donación, no se estaría violando el constitucional artículo 355 que a la letra dice que “Ninguna de las ramas u órganos del poder público podrá decretar auxilios o donaciones en favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado…”

 Pero da dolor de patria que el mismo Presidente que le dijo a los estudiantes universitarios, durante las protestas de 2018, que “No podemos comprometer recursos que no estén disponibles…porque se le estarían quitando al adulto mayor, a familias en acción o a los subsidios sociales…”, y que ahora, con los 1.38 billones que le aprobó a Avianca, diga que “Es un crédito de carácter contingente que protege empleos directos e indirectos…porque, esta aerolínea representa cerca del 50% de la conectividad”.

Y siguiendo con este inaudito caso, y como aquel que pretende respaldar un crédito con su cédula de ciudadanía, Avianca ha ofrecido respaldar este enrarecido crédito con su nombre, viniendo entonces a mi mente, finalmente, aquella anécdota en que un apostador ofreciendo su palabra como respaldo fue sorprendido cuando el otro apostador le inquirió preguntándole ¿no tienes algo de más valor que tu palabra?

Por: Álvaro Morales de León