Los escorts masculinos: por qué las mujeres se aficionan al sexo de pago

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No hay duda de que entre gigolós, rentboys, jineteros –el nombre que reciben en Cuba aquellos que “cabalgan a la turista”– o gogoboys, los hombres encuentran en este tipo de alternativas formas de vender su cuerpo no sólo a otros hombres, sino también a las mujeres. En la actualidad, ellas disponen de un amplio espectro de servicios de sexuales de pago y cada vez los demandan más. O al menos eso dicen los datos.

Simple compañía o sexo sin compromiso, internet y otras plataformas digitales se han convertido en el medio más rápido y efectivo para contratar a hombres a cambio de su cuerpo. Rose Troup Buchanan recoge en el Independent los resultados de una investigación llevada a cabo entre las universidades de Lancaster y la Metropolitan de Manchester que muestra que el número de acompañantes masculinos en Reino Unido ha aumentado casi un tercio desde el año 2010.

¿A qué se debe este incremento de la demanda? ¿Es quizás una muestra de mayor igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a demanda de sexo, o es quizás que ellas encuentran en este tipo de servicios algo que no les ofrecen las relaciones reales? Los investigadores creen haber encontrado la respuesta.

La ley de la oferta y la demanda

El estudio, dirigido por las doctoras Sarah Kingston y Natalie Hammond, encontró que la media de anuncios de hombres ofreciendo sus servicios de compañía ha aumentado de un 5% (una media de 246) en 2010 a un 15% (alrededor de 732 anuncios) durante el pasado 2014.

Tras ver estos datos, los investigadores se plantearon a qué se debe el aumento del consumo de prostitución masculina y trataron de establecer un perfil estándar sobre las mujeres que pagan por sexo. “Estamos tratando de encontrar las motivaciones y experiencias de las mujeres que reservan acompañantes; quiénes y dónde compran sexo y conocer a fondo cómo se negocia con la seguridad y la intimidad física de estos encuentros”, comenta Kingston.

¿Qué demandan las mujeres de los prostitutos?

Los hallazgos iniciales de la investigación, que forma parte de un proyectomás amplio llamado Women Who Buy Sexual Services in the UK, encontraron que las mujeres que pagan por sexo son de todas las edades y la mayor parte de ellas suelen ser solteras.

Los investigadores, que contaron con la participación de 21 escorts masculinos que trabajan actualmente para averiguar qué es lo que buscaban sus clientas femeninas al contratar sus servicios, concluyeron que “la razón principal de la transacción económica a cambio de compañía o sexo se debe a que les falta tiempo para mantener una relación de pareja”.

“Los encuentros casuales o los romances pueden ser complicados; contratar un escort ofrece control, la oportunidad para experimentar sexualmente y la exploración de fantasías sin el miedo de ser juzgado por el compañero”, señala Clarissa Sebag-Montefiore en un interesante artículo publicado en Aeon.

De hecho, este tipo de servicios se encuentran en portales y webs especializadas o en anuncios específicos. A diferencia de los hombres que contratan prostitutas, las mujeres no acuden a clubes en busca de sus acompañantes sino que eligen desde la intimidad con quiénes quieren encontrarse antes de salir en busca de un acompañante.

Altura, complexión, edad, origen e incluso aficiones o especialidades –entiéndase, en la cama–, son algunos de los rasgos que ellas pueden averiguar antes de solicitar los servicios de un escort. Algo así como buscar al príncipe azul –aunque sea para unas horas o días– a la carta. “El proceso de selección es algo diferente al masculino”, explica Sebag-Montefiore: “tiene más que ver con la posibilidad de elección del hombre ideal que la mera satisfacción de los deseos”. De ahí que sus servicios sean mucho más caros y que los procesos de selección para entrar en este sector también sean mucho más duros para ellos.

Calidad vs. cantidad

Por lo general, la prostitución masculina suele estar directamente relacionada con mujeres con un alto poder adquisitivo. Su consumo –mucho más habitual en Occidente– está asociado al lujo y conlleva el desembolso de grandes cantidades económicas. Están dispuestas a pagar por un producto de calidad por lo que no se cortan en exigir determinadas características y, sobre todo, discreción en la contratación de sus servicios.

“Internet ha permitido no sólo el anonimato de los encuentros amorosos, sino también la seguridad de que el producto por el que se está pagando merece realmente la pena”, comenta Sebag-Montefiore. Como si de contratar un pack vacacional se tratase, en las páginas web especializadas pueden encontrarse además comentarios de otras usuarias o los exámenes médicos de los hombres disponibles para aclarar todas las dudas antes de tomar una decisión.


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