Hace ya más dos meses, cuando se presentó el primer caso positivo del Covid-19 en Costa Rica, hablé por teléfono con mi mamá hasta Nicaragua. Nuestra conversación se centró en torno a esta enfermedad que azota a la humanidad. Le expuse que no podía entrar en cuarentena por el hecho de que tengo que pagar el alquiler y comprar todas las cosas básicas del hogar que conlleva a que no puedo dejar de trabajar, que, como miles y miles hasta millones de personas, no solo en este País, sino en el mundo también lo hacen igual.

Para mi madre fue muy difícil saber que, en todo momento, durante el traslado y mis horas laborarles estaría expuesto a un posible contagio. Pero no ha sucedido nada, si algo tiene que hacer de forma obligatoria un ciudadano consciente es cumplir al pie de la letra las indicaciones de las autoridades de salud. En los mensajes que divulgan los medios de comunicación todos los días, hacen alusión permanente a que el no contagiarse con este virus está en nosotros mismos, la vacuna contra este virus somos nosotros, yo estoy de acuerdo.

Cuando nos despedimos de la conversación con mi mamá, me dijo: “hijito, primero encomiéndese a Dios, no tenga miedo y que el temor no lo domine, cumpla todas las indicaciones de prevención del ministerio de salud, y hay algo que es esencial y es el distanciamiento social, verá que todo saldrá bien”. Mi madre está segura de que aplicando esas normas a como debe ser, con toda la disciplina del caso, no solo yo sino que todo aquel que lo haga de seguro que las posibilidades de contagio son nulas. Y eso es lo que he hecho.

Salir todos los días al trabajo, ir en el bus, se ve de todo, personas tosiendo, estornudando y con gripe, esto trae consigo estar alerta cada segundo del día. Si hay algo que como individuos debemos controlar es el miedo y el temor. En todo este tiempo sabiendo que por la mañana hay que ir al trabajo y por la tarde regresar a casa no ha sido fácil, tiene que caminar uno a la expectativa sabiendo que se está expuesto, no deja de provocar todo tipo de sentimientos y escalofríos.

Pero, no solo soy yo, son millones de personas en todo el mundo que pasan por lo mismo, tenemos que trabajar y no dejar de llevar el pan al hogar. Digno de mencionar es a todos los que trabajan en los camiones que recogen la basura dos veces por semana en Rohrmoser, en el centro de San José, por mencionarlos a ellos. Son aún más expuestos, tomando todos los riesgos habidos para que las ciudades estén limpias. Puedo ver en los camiones azules llevar papelitos con todo tipo de mensajes escritos a mano, la gente los ha pegado dándoles ánimo y pidiendo a Dios que los proteja de cualquier contagio a esta eficiente cuadrilla de trabajadores de la municipalidad.

Los oficiales de seguridad, los bomberos, los que trabajan en los supermercados, el personal de comidas rápida que, aunque no están abiertos para el público, han estado eficientemente prestando el servicio exprés, solo mencionando a algunos, pero hay miles de personas más que no han dejado de laborar, tomando todas las prevenciones necesarias para seguir.

Todo el personal médico, como ejército de vestiduras blancas se ha colocado con más ahínco que nunca al frente de esta pandemia para salvar vidas. Los médicos no solo los de Costa Rica, sino también los del mundo entero todos los elogios habidos por la loable labor que ejercen, hoy más que nunca aplaudimos su dedicatoria ante esta situación global. Muchos de ellos han muerto, adquirieron el virus por salvar a otros, siempre habrá un canto para esos héroes invisibles de la salud.

Estamos perseverando para que las indicaciones de prevención de las autoridades de salud se cumplan a cabalidad. Tenemos esa seguridad que todo lo que estamos viviendo con respecto al Covid-19 pasará, todavía hace falta, evitar contagios va a depender de nosotros, para todos aquellos que están en la cuarentena y que están desesperados, es cuestión de tiempo, ser disciplinados es el aura de todo buen ciudadano para lograr ver cumplido sus sueños. Llegará ese día que todos estamos esperando cuando se anuncie que poco a poco la vida cotidiana que antes habíamos construido, aunque no sea igual, la volveremos a disfrutar.

Por: Fabio Mendoza Obando
Poeta y escritor Nicaragüense