Los genes humanos que siguen activos después de que la persona muere

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Los detalles del estudio fueron publicados en Nature Communications realizados por un equipo internacional de científicos descubrió que algunos genes se volvieron incluso más activos después de la muerte.

La vida se desarrolla bajo la poderosa influencia de nuestros genes, dentro de las células de nuestro cuerpo, controlados por un amplio rango de disparadores internos y externos. Entender como funciona nuestra genética es complicado y siempre se genera la duda (infinita), de ¿Quienes somos y cual es la forma más basica del ser vivo?, que puede hacer una célula, órgano o tejido, ya sea que esté sano o enfermo… Entre otras.

Un estudio de la BBC INFORMA QUE el equipo de investigadores, liderado por el profesor Roredic Guigó, biólogo computacional del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona, utilizó ARN colectado dentro de las 24 horas del deceso y algunas muestras de sangre recogidas antes de que el paciente muriera. Por lo general, los cuerpos son preservados para posteriores exámenes y ahí es cuando se extraen partes para ser analizadas.

“Hay una reacción de las células a la muerte de un individuo. Vimos algunos pasajes, algunos genes, que estaban activos y eso significa que, a veces, después de la muerte todavía hay cierta actividad a nivel de la transcripción”, indicó Guigó.

“Diría que uno de los mayores cambios se debe al cese del flujo sanguíneo. Luego el cambio más significativo probablemente sea la hipoxia, la falta de oxígeno, pero no tengo una prueba de eso”. “Concluimos que hay una firma o una huella digital en el patrón en que se expresan los genes después de la muerte, que puede ser utilizado por la ciencia forense, pero no podemos decir que tengamos ahora un método para ser utilizado en el terreno”, aclaró Guigó.

Los genes están encerrados en el ADN presente en nuestras células que cuando están activas producen una molécula conocida como transcripción de ARN.

Algunos tipos de ARN controlan procesos que se desarrollan en las células y otros se transforman en prototipos para las proteínas.

Es la transcripción del ARN lo que los científicos a menudo miden cuando quieren saber qué sucede en las células y ese análisis se llama transcriptoma. Es relativamente fácil obtener sangre, pero insertar una aguja en el corazón o el hígado de una persona no lo es. Los científicos entonces tienen que trabajar con órganos y muestras de tejido que son obtenidas post mortem.

Si bien esas muestras pueden aportar valiosos datos de lo que sucede dentro de un cuerpo inerte, no está claro si representan procesos que se desarrollan en vida.

Otro factor adverso para la investigación es que las muestras rara vez son obtenidas inmediatamente después de que una persona muere.

Los datos resultaron coherentes entre diferentes cadáveres y se puede establecer de manera más precisas el tiempo que pasó desde la muerte en base a los niveles de ARN. “Se necesitan mayores investigaciones, intervalos post mortem más largos, no sólo 24 horas, tener en cuenta la edad de la persona y la causa de la muerte. Todo eso debe ser tenido en cuenta si vamos a convertir esto en una herramienta útil”.


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