Los hijos de padres divorciados

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En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Me divorcié hace cinco años de la madre de mis hijos… y yo tengo los niños porque ella me los entregó con el [pretexto] de que el dinero que le daba no le alcanzaba. Hace tres años ha estado influyendo en mis hijos, a mi parecer de una manera negativa. Se han vuelto amantes del dinero. Además, ella les habla muy mal de mi novia. Mi ex esposa en la actualidad se volvió a casar, y siento que esta comunicación que mantiene con mis hijos ha contribuido a deteriorar mi nueva relación…. Necesito que me guíen para manejar esto.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»El divorcio nunca es fácil de afrontar para los hijos…. Yo misma, como hija de padres divorciados, recuerdo muy bien cómo me sentía al respecto….

»El divorcio quita la estabilidad que es crucial para el desarrollo saludable del niño. Las estadísticas demuestran que, por lo general, los hijos de padres divorciados tienen más problemas en la escuela y problemas de conducta.1 Y es más probable que consuman alcohol o drogas ilícitas durante la adolescencia.2 Sienten que tanto su padre como su madre los han abandonado, sobre todo cuando éstos buscan nuevas relaciones románticas.

»Un estudio a largo plazo de los efectos del divorcio demostró que aun veinticinco años después del divorcio de los padres, sus hijos adultos siguieron sufriendo más que otros el temor al fracaso, a la pérdida, al cambio y al conflicto, llevándolos a tomar malas decisiones. En mi caso, disfrutaba de la sana influencia de familiares y amigos que eran seguidores de Cristo. Y la confusión y el abandono que sentía disminuyeron a causa de la decisión que tomé de cultivar una relación personal con Cristo. Él me dio las fuerzas para convertir la mayoría de los efectos negativos en algo positivo, y evité muchas de las consecuencias a largo plazo que resultan del divorcio. Pero hoy, cincuenta años después del divorcio de mis padres, aún tengo que esforzarme por evitar que mi temor al conflicto influya en las decisiones que tomo.

»Usted me pide que le dé un consejo, pero sin duda no le va a gustar. Creo que los estudios demuestran que a sus hijos les irá mucho mejor ahora, y en el futuro, si usted decide abandonar sus propios deseos románticos por el momento y se concentra más bien en lo que necesitan ellos. Cualesquiera que sean los comportamientos negativos que ellos estén manifestando, resuelva esforzarse al máximo por garantizar que no sientan que usted los ha abandonado. Y asegúrese de que estén rodeados de personas que siguen a Cristo y puedan ayudarlos a evitar algunas de las consecuencias a largo plazo de su divorcio.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 471.