Los humedales que sobreviven en Bogotá son vestigios de las grandes lagunas que cubrían esta región del altiplano cundiboyacense.

Los humedales actuales son pocos, muy diversos, y cada uno tiene sus particularidades. El Distrito reconoce oficialmente la existencia de quince humedales, pero existen unos veinte sin reconocer. Recorren el occidente bogotano y se ubican cerca de los ríos o las quebradas que los alimentan.

Los humedales han sido un tema periférico en la discusión pública, lo cual en mucho explica su abandono y su deterioro vertiginoso, porque la falta de atención ha permitido que esos ecosistemas sean víctimas de las construcciones que los ha reducido en más de un noventa por ciento en solo setenta años, pasando de cincuenta mil hectáreas a menos de novecientas. E infortunadamente la cifra sigue en descenso.

Los humedales brindan diversos servicios ambientales, entre los cuales se cuentan la regulación hídrica (evitar inundaciones y sequías) y de la temperatura, la captación de dióxido de carbono, polvo y material particulado. Estos ecosistemas son además grandes refugios de biodiversidad y espacios de recreación pasiva. Un humedal en buen estado ayuda a combatir los efectos del cambio climático, mientras que un humedal enfermo los agrava.

En cuanto a la biodiversidad, se registran más de doscientas especies de aves, nueve de estas en peligro de extinción, ocho especies de mamíferos, cinco de reptiles y dos de anfibios. En lo que se refiera a la flora, se registran más de seiscientas especies, una de ellas única en el mundo y en altísimo peligro de extinción: la margarita de pantano (senecio carbonelli), ubicada en la zona entre el humedal La Conejera y la Reserva Thomas Van der Hammen.

Afectados y en peligro

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Ave en el humedal La Tibacana
Foto: Daniel Bernal

Veamos lo que ha ocurrido y – peor- lo que pasaría con los planes urbanísticos actuales en cada uno de los humedales que aún existen en Bogotá.

  • Humedal Torca – Guaymaral (Usaquén – Suba). La falta de una alimentación constante de agua está secando gradualmente el sector de Torca. La reconexión con la quebrada Aguas Calientes que solucionaría este problema todavía sigue en el papel. El sector Guaymaral se ve afectado por el pastoreo de fincas vecinas, la manipulación de su caudal y la entrada de aguas residuales de algunos vecinos. El humedal aumentó su tamaño en 131 hectáreas (es decir, 150 por ciento) durante la administración de Gustavo Petro, en un esfuerzo por integrar zonas húmedas vecinas y reforzar su conectividad con la Reserva Van der Hammen. Sin embargo, la resolución 0819 del 2015 que lo reglamentaba fue derogada por administración Peñalosa con una justificación mediocre.
  • Humedal La Conejera. Reconocido por su proceso social y ambiental, este ecosistema se vio afectado por la urbanización Reserva Fontanar en el 2015. La construcción hace parte de un proyecto urbanístico respaldado por la primera administración de Peñalosa y por la expedición de la licencia urbanística por etapas desde el 2003. A pesar de la resistencia ciudadana, mediante un campamento de siete meses finalmente desalojado durante la administración Petro, el proyecto ya es una realidad con cinco torres que invadieron parte de la ronda del humedal y de un canal que lo alimenta.

La futura Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) es el proyecto que más podría afectar La Conejera, puesto que un gran puente de más de diez carriles atravesaría el humedal y esto podría acabar con la única zona en el mundo donde crece la margarita de pantano.

  • Humedal Córdoba. Es uno de los humedales mejor conservados y más visitados de la ciudad. Lo afecta el pésimo estado de las aguas de los ríos Córdoba, Molinos y algunos drenajes. Este espacio está en peligro con el proyecto Corredor Ambiental Córdoba, que parece revivir la intención de Peñalosa, en su pasada administración, de construir plazoletas de gran tamaño, ciclorrutas de varios metros de anchura en asfalto y adoquines, postes de iluminación, la adecuación de un embalse gigante y la tala de árboles para adquirir más espacio. Esta iniciativa hace parte del proyecto Corredores Ambientales, que cuenta con un presupuesto de unos 20 mil millones de pesos.
  • Humedal Juan Amarillo. Es el humedal más grande de la ciudad y fue víctima del mayor “ecocidio” perpetrado por una administración distrital. El tercio alto del humedal fue convertido en una piscina de cemento para la práctica de deportes náuticos como el canotaje. Publicitado por la primera administración de Peñalosa como un proyecto de avanzada, años después fue revocada la solicitud para adelantar actividades náuticas, ya que la política distrital de humedales sólo permite la recreación pasiva.

Actualmente se planea el corredor ambiental Borde Norte Juan amarillo por cerca de 21 mil millones de pesos, del cual poco se conoce y cuya intención urbanística no es clara. También el proyecto ECOpolis que fue el ganador del concurso de ideas del diseño urbano y paisajístico del futuro Parque Juan Amarillo, con ciclorrutas y un puente de un kilómetro para conexión de dos localidades, lo cual viola las normas vigentes. El proyecto Conexión Regional Canal Salitre y Río Negro uniría la zona del Puente de Guadua hasta la carrera séptima, y consistiría en el paso de una avenida de alto tráfico alterna a la calle 80, que sería vecina del humedal en todo su costado sur (3,5 km aproximadamente). Además, en algunas zonas sensibles, esta avenida pasaría a poca distancia de su ronda, lo cual afectaría directamente al humedal.

La futura ALO atravesaría el Juan Amarillo con un puente de más de diez carriles sobre su tercio medio, precisamente por la zona con mayor biodiversidad, la Chucua de los Curies.

  • Humedal Jaboque. Lo afectan gravemente las nuevas construcciones que rellenaron las zonas vecinas al humedal, lo cual alteró su ecología, puesto que en él se vierten grandes cantidades de aguas residuales. En marzo del 2016 el humedal sufrió el vertimiento de tinta azul por parte de la empresa Printer Colombiana S.A, de lo que ya no quedan huellas, pero los desechos de barrios y fábricas aledañas lo siguen  afectando. En este humedal también se planea un corredor ambiental por un valor de más de 16 mil millones de pesos, sin que la intención urbanística del proyecto haya sido aclarada.
  • Humedal Santa María del Lago. Es el humedal más visitado de la ciudad, de pequeño tamaño y con vigilancia continua, de manera que se conserva en buen estado.
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Ibis Cara Roja, parte de la biodiversidad del humedal Santa María del Lago
Foto: Daniel Bernal
  • Humedal El Salitre. De origen artificial y por eso depende exclusivamente de las aguas lluvias para su alimentación. Por eso en temporada de verano presenta fuertes sequías. Actualmente se gestiona su Plan de Manejo Ambiental, que busca alimentarlo con fuentes vecinas. Aunque es un espacio poco conocido y de escasas hectáreas, tiene una altísima diversidad de aves.
  • Humedal Meandro del Say. Desde el 2015 se advirtió que sus espejos de agua se secarían, lo que ocurrió un año después. No se conoce la causa de esta sequía extrema y no se han oído explicaciones al respecto por parte de alguna autoridad ambiental. Además, se pasó de avistar 2.500 a 3.000 patos canadienses, en cada temporada migratoria de aves, a ninguno desde el 2016. Debido a esta sequía extrema, el humedal es usado para el pastoreo ilegal de cientos de vacas.
  • Humedal Capellanía. La posible construcción de la ALO sería el fin de este humedal que además ya fue fraccionado por el paso de la Avenida La Esperanza. La ALO, de cien metros de anchura, lo atravesaría en toda su extensión y esto afectaría su costado occidental y parte del oriental. La construcción de esta vía, dadas sus especificaciones técnicas, implicaría una pérdida aproximada de un veintiséis por ciento del área actual del humedal.
  • Humedal Techo. Sufre el mayor conflicto socioambiental de los humedales bogotanos. El barrio Lagos de Castilla, construido en la mitad del humedal, donde viven cerca de dos mil familias desde hace más de una década y donde se han erigido grandes edificios, hizo que el humedal pasara de tener en ese sector de 300 metros de anchura a solo diez, de manera que el agua quedó “ahorcada” en ese pequeño espacio.
  • Humedal El Burro. Está siendo afectado por las construcciones de edificios contiguos de gran altura y por las aguas residuales del canal Castilla. Sufre un serio conflicto legal para recuperar una parte del humedal, llamada “El Burrito”, de la cual hay registros fotográficos desde el 2010. Este sector tenía un gran espejo de agua que infortunadamente ha sido secado por las constructoras para su posterior urbanización. Esta situación ha dado lugar a grandes demandas económicas por parte las constructoras al Distrito.
  • Humedal La Vaca. Su sector norte carece de un mantenimiento en la franja acuática y biofiltro. Bajo la administración Petro fueron adquiridos algunos predios que colindan con la avenida Dagoberto Mejía, los cuales aumentaron el área y los servicios ambientales del humedal.

Su sector sur hasta hace unos meses no era sino un parqueadero de buses, bodegas de reciclaje y botadero de basuras. Gracias a las acciones de los vecinos, al apoyo ciudadano de campañas como #SOSvacasur y a la actual administración distrital se han logrado avances gigantescos para recuperar este ecosistema.

  • Complejo de Humedales El Tunjo. Dado que este humedal fue reconocido en  2014, su Plan de Manejo Ambiental apenas se está gestionando, de modo que sufre invasiones en su ronda, inseguridad y el mal estado de las aguas del río Tunjuelo.
  • Humedal Tibanica. En 2014 el humedal fue catalogado en alerta naranja, debido a una intensa  sequía y a unas obras civiles con pésimos resultados. Desde ese año no se han visto buenos rendimientos en su protección y el humedal sufre graves problemas de abastecimiento hídrico. La inseguridad del sector es una gran dificultad desde hace muchos años, puesto que al haber viviendas dentro del humedal este terreno se ha convertido en una zona de alto riesgo. Además, este era el último humedal bogotano donde se avistaba el cucarachero de pantano (cistothorus apolinari) pero desde abril del 2016 no se registra su presencia- o sea que esta especie ya habría sido extinta en el área urbana de Bogotá-.
  • Humedal La Isla. Actualmente se realiza y gestiona su Plan de Manejo Ambiental y los procesos de consulta previa con el cabildo muisca de Bosa. Este humedal sufre una falta de abastecimiento hídrico y, además, las construcciones vecinas de Ciudad Verde lo han ido encerrando.

Daniel BernalPor: Daniel Bernal
Socio fundador de la Fundación Humedales Bogotá, Veeduría de la Reserva Thomas van der Hammen, equipo del programa ReEtroCD, #CalidadDelAire. Ambientalista, activista, periodista cívico. Ingeniero electrónico. @danielbernalb