Hace unos días de visita en casa de una amiga, me encontré con uno de sus hijos, un chico joven de unos 22 años y después de saludarnos comenzamos a charlar, pero me llamó la atención que en el transcurso de nuestra conversación, me preguntó: “Idalmis, tú te has tocado”, yo sorprendida y entre risas le dije “sí, me toco mi cuerpo cada día y le doy mis ternuras”, como él pensaba yo no había entendido me dijo; “no, te hablo de tocarte con drogas”, yo ingenua y sorprendida le dije, “jamás me he ‘tocado’ con ninguna droga”.

Realmente en mis años que llevo de vida, eso no me atrae hacer. Cuando he querido estar en estado de embeleso, lo busco en la música, cantando, escuchando o escribiendo poesía. Ahí sí mi dimensión es tan alta, que vibro, me inspiro para escribir poesía del tema que sea, me provoca un éxtasis tal que sueño, canto, río, lloro, suspiro, deliro, ¡cuántas cosas a la vez!

Él  se sorprendió no podía creer que a mí jamás por mi mente me pasaría, buscar un estado de fascinación con drogas. Era inconcebible que yo  nunca hubiese tenido la necesidad, ni por curiosidad de llegar a la exuberancia, es decir de un estado de dulzura, en que los sentidos viajan y tu cuerpo se deja llevar. Le expliqué que no necesitaba ni la droga, ni el alcohol para sentirme diferente. Cuando la naturaleza te muestra lugares; flores, vegetación, ríos, mar, la luna, el sol, las estrellas, donde puede aspirar va toda prueba a recrear una realidad y embellecerla a tu manera de percibir, sentir  a tu gusto y hacer esa realidad hermosa, apetecible e inolvidable.

Luego de unos instantes de conversación, me di cuenta, que el joven que tenía presente se reía. Al despedirme me abrazó y sonriendo, me dijo, “gracias amiga por tu poesía de vida”, sonreí y le respondí, ojalá te haga cambiar tu vida.

Por: Idalmis Castellanos Botas 

La autora es escritora  y poeta de origen  cubano  radicada  en España,  es autora  del poemario La luna y mis lujurias.