“Lo que tenía que ser la cumbre de la paz se ha convertido en la cumbre por la paz”, aseguró Santos durante la apertura de la cita. El presidente colombiano recalcó, como lo hizo en los días previos, que se está tratando de lograr un nuevo pacto con las FARC “con ajustes y clarificaciones” tras la victoria del ‘no’ en el plebiscito. “Se logrará en un término muy breve”, añadió Santos, quien insistió en que “el acuerdo de Cartagena es y seguirá siendo la base de una transformación sin precedentes en la historia de Colombia”.

Los jefes de Estado y cancilleres que acudieron a la ciudad del Caribe colombiano celebraron los intentos de Santos, a quien felicitaron por el Nobel de la paz. “Le reitero, con el mayor ánimo, el apoyo de España a los esfuerzos por la paz que está realizando el pueblo colombiano, una paz que todos los amigos de Colombia deseamos para esta nación hermana”, aseguró el rey de España, Felipe VI. Las constantes menciones al proceso de paz suponen un espaldarazo para Santos para tratar de llegar a un acuerdo pese al rechazo en las urnas y ante la complicada negociación que desarrolla con los partidarios del ‘no’, especialmente el expresidente Álvaro Uribe.

La XXV cumbre iberoamericana, la primera tras el giro político en países clave como Argentina, Brasil y Perú, dejó también claro el cerco cada vez más estrecho sobre Maduro. El presidente dominó la escena, pero en negativo: cambió de opinión varias veces sobre su presencia, y los movimientos para presionarle, liderados por el peruano Pedro Pablo Kuczynski, que habló de “crisis de derechos humanos en Venezuela”, monopolizaron el encuentro.nSegún admitió el nuevo secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, presente en la cumbre, “hubo un debate muy interesante sobre Venezuela durante el almuerzo entre presidentes”. Guterres trasladó que los presidentes apuestan por el diálogo auspiciado por el Papa Francisco. “En el almuerzo hubo un consenso muy claro, no hay solución para los problemas de Venezuela sin un diálogo constructivo entre las partes con apoyo de la comunidad internacional”.

Durante muchos años, con Hugo Chávez, Venezuela fue el gran protagonista político de Latinoamérica por su enorme influencia en el llamado eje bolivariano. Eran los años del petróleo a 100 dólares, los desplantes a George Bush en la Cumbre de Mar del Plata, en 2005, y el liderazgo de Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa. La muerte de Chávez y la caída del petróleo empezaron a cambiar las cosas. Ahora el giro liberal que domina desde hace un año la región, sumado a la crisis económica y su derrota en las urnas en 2015, cerca cada vez más a Maduro. Incluso aliados suyos como Rafael Correa están de salida –no se presentará a la reelección en 2017- o vienen de una dura derrota como Evo Morales.

Maduro cuenta aún con la ventaja de una gran desunión en la región que dificulta la aprobación de una resolución unánime –la única manera de sacar adelante algo en el sistema de las cumbres iberoamericanas-, pero la presión de los países más importantes es evidente y el aislamiento crece. Kuczynski fue muy claro: “Es muy difícil tener una reunión como esta sin hablar de los temas delicados de la región como los del país vecino. Hablar de educación es bonito pero nos pueden decir que olvidamos los temas candentes”, dijo el presidente de Perú en el plenario de la cumbre. “Venezuela sufre una tremenda crisis económica, de derechos políticos y humanos”. “No hay ningún afán en intervenir en otros países ni existe afán ideológico, pero sí queremos que los países iberoamericanos progresen y no retrocedan”, remató.

Ante la ausencia de Macri, Kuczynski se convierte en referente del nuevo ciclo latinoamericano

Pedro Pablo Kuczynski es a sus 78 años es el más veterano de todos los líderes latinoamericanos. Y también el último en llegar. Solo lleva tres meses al frente de Perú. Sin embargo, esta primera cumbre iberoamericana a la que asiste como presidente –antes fue ministro varias veces- ha mostrado que PPK, como le llaman en Perú, va a ser uno de los grandes protagonistas del poder latinoamericano en los próximos años.

Aunque no lidera uno de los países más grandes, ni por población ni por volumen económico, Kuczynski se hizo rápidamente con la escena con su desparpajo de veterano sin complejos que dice las cosas claras. Incluso se permitió el lujo, medio en serio medio en broma, de criticar la subida de impuestos del colombiano Juan Manuel Santos. PPK es un liberal, miembro de la élite económica del planeta desde hace 40 años –asistente en varias ocasiones al club Bildeberg, fijo en Davos cada año, director de varios fondos de inversión en EEUU en las épocas en las que abandonó la política- con contactos en todas partes y una forma de hablar que hace que los demás presidentes se rían con él y le muestren un cierto respeto a la veteranía. Pero lo que le ha dado más papel es su decisión de enfrentarse a Nicolás Maduro –aunque finalmente no asistió, fue PPK quien habló con más dureza sobre Venezuela- y la ausencia de Mauricio Macri, que habría ocupado ese puesto de líder de la nueva ola de dirigentes latinoamericanos si no hubiera decidido quedarse en Buenos Aires.

El liberal Kuczynski tiene una posición tan dura sobre Venezuela que, en 2011, apoyó a Keiko Fujimori, a la que este año derrotó en las urnas por menos de 40.000 votos, porque creyó que Ollanta Humala representaba “la llegada del chavismo a Perú”, según le explicó a EL PAÍS. Humala después de ganar optó por políticas liberales y Kuczynski acabó apoyándolo, pero la batalla contra el chavismo forma parte del eje central de las preocupaciones del presidente peruano y le auguran un gran protagonismo en los próximos meses.

“En Venezuela hay una crisis de índole económica, política y hay una crisis de abastecimiento. Todo esto nos preocupa. La suspensión del revocatorio está escalando las tensiones. Hay que buscar una solución, un puente de salida. Argentina insiste en que Venezuela necesita una salida de sus problemas a través del diálogo. La situación está lo suficientemente delicada y frágil como para no echar leña al fuego. Los ánimos están muy caldeados, hay que intentar no caldearlos más. No pensemos que hay salida milagrosa que importar de ningún lado ni que va a caer del cielo. Tenemos que lograr que en la dirigencia venezolana haya un entendimiento”, aseguró a EL PAÍS la canciller argentina, Susana Malcorra. El giro político en Argentina, donde Mauricio Macri está siendo muy duro con Maduro, y Brasil, es clave para el aislamiento del venezolano. De hecho ambos presidentes y el paraguayo Horacio Cartés se han puesto de acuerdo y tiene prácticamente convencido al uruguayo Tabaré Vázquez para suspender definitivamente a Venezuela de Mercosur, un nuevo mecanismo de presión.

Maduro, que finalmente decidió no acudir a la cumbre después de haber confirmado oficialmente su llegada, hizo un desplante a sus socios y vio desde Caracas como se convertía en el protagonista de una jugada diplomática para intentar presionarle. Aliados suyos como Correa evitaron defenderle. El presidente ecuatoriano sí criticó por ejemplo el embargo de Cuba, defendió a Cristina Kirchner y Lula da Silva y habló de “golpes de estado blando”, pero no dijo una palabra de Maduro, al contrario de lo que es habitual. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, sí mostró su apoyo claro “al pueblo hermano de Venezuela”, mientras la canciller de Maduro, Delcy Rodríguez, defendió de forma tajante el diálogo que se inicia este domingo con el apoyo del Vaticano par evitar “acciones que pretenden el derrocamiento de Maduro por vías no democráticas”.

Sin embargo, no hay consenso total para que la región hable unida para presionar a Venezuela. La secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, explicó a EL PAÍS que no hay consenso para una resolución sobre la crisis venezolana porque los países pertenecientes al ALCA la rechazan. “El tema de Venezuela se discute en muchos foros. Hay una división dentro de la OEA, se discutió en la CELAC, parece que hay una necesidad de que pase en todos los foros lo mismo y de que se diga lo mismo”, señala.

De hecho algunos países ideológicamente muy alejados de Maduro como España suavizaron la posición. “No creo que haya una resolución unánime sobre Venezuela”, señaló el ministro de Economía Español, Luis de Guindos, que viajó hasta Cartagena de Indias porque Mariano Rajoy tenía que someterse a la investidura y Juan Manuel Margallo, que es diputado, tenía que votarla. “En este tipo de cumbres lo fundamental es avanzar todos juntos en una senda para que haya un ambiente conciliatorio”, señaló Guindos cuando le preguntaron por Venezuela. Maduro, gran protagonista ausente, ve así como su aislamiento es muy claro pero de momento logra evitar la condena definitiva mientras se abre paso la mediación del Papa. De hecho su argumento oficial para dar un plantón después de anunciar su llegada fue que tenía que atender en Caracas a unos enviados del Vaticano.


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