El desastre provocado en septiembre de 1955 por la llegada de tres huracanes (Janet, Hilda y Gladys) que azotaron la costa del Golfo de México y devastaron en dos semanas las regiones de Tampico y Ciudad Madero cambiaría la historia de Tamaulipas en Mexico.

Cientos de casas, edificios y caminos se desplomaron debido a las fuertes ráfagas de viento y se inundaron por el desbordamiento de ríos; estas localidades fueron reducidas a escombros y todos los aturdidos tamaulipecos le atribuyeron a este desastre poderes sobrenaturales .

Gracias a esta catástrofe, la sociedad mexicana decidió tomar conciencia sobre la cultura de la prevención ante el poder destructivo de este tipo de fenómenos naturales.

En 1966 las alarmas se volvieron a activar ante la llegada de un nuevo huracán llamado Inés que había causado grandes estragos por el Caribe y las Bahamas; se sembró el miedo nuevamente en todos los habitantes de Tampico y Ciudad Madero, pues recordaron amargamente su pasado.

Sin embargo, Inés se degradó rápidamente a tormenta tropical y los daños causados fueron mínimos en comparación con los de hace once años.

Después del paso de este huracán, los tamaulipecos cambiaron de actitud y abandonaron poco a poco la sensación de pánico que la llegada de este tipo de eventos naturales les provocaba. En las siguientes dos décadas, ningún ciclón amenazó estas regiones; en 1988, Gilbert, un torbellino, desvió su rumbo hacia el norte.

En 2013 esta extraña condición se repitió con el huracán Ingrid que, debilitado al llegar a estas ciudades, provocó únicamente vientos fuertes y tormentas con saldo blanco.

Los pobladores comenzaron a formular todo tipo de historias que justificaran estos acontecimientos como la supuesta protección de estas zonas por seres extraterrestres que, según los locales, establecieron sus bases ahí y desvían huracanes o cualquier amenaza natural que pueda derrocarlas.

Incluso, se decretó el Día del Marciano el último martes de cada mes en Tampico y Ciudad Maderos.

Los habitantes informan sobre los numerosos avistamientos que se dan en la playa durante la noche y aseguran que el Golfo de México se ha vuelto un sitio que atrae a aficionados y especialistas de Ufología.