Charles Muvunyi lidera un grupo de jóvenes con problemas. Los entrena en el boxeo para ayudarles a sudar todas sus dificultades y preocupaciones en el ring. A sus 34 años, este ruandés ha fundado una academia en la que enseña a los chicos africanos sin recursos a canalizar su ira y no dejarse abatir por los obstáculos.

El boxeo supuso para Charles una manera de seguir luchando sin venirse abajo y ahora quiere compartirlo con otros jóvenes en los que se puede ver reflejado, ya que su vida no fue fácil.

Charles nació en Uganda, lejos de su hogar, durante uno de los exilios a los que se enfrentaron sus padres. Pues la llegada de la Independencia a su país, en 1962, obligó a buscar refugio a más de 120.000 personas debido a los conflictos étnicos que trajo consigo. Una vez refugiados, su familia volvió a su país para intentar recuperar su vida anterior, pero murió asesinada, dejándolo huérfano.

Cuando con 14 años se vio solo y sin nada, en lugar de rendirse, verse abatido o tomar un camino de venganza y violencia, decidió empezar a boxear.

“El boxeo fue una manera de canalizar mi ira. Es una mezcla de disciplina, inteligencia y corazón”

Afirma. Entrenó por salir adelante y años después lo consiguió. Ahora quiere mostrar ese camino a otros jóvenes.

Entrena a chicos de entre 10 y 16 años en un gimnasio rodeado de chabolas, en uno de los barrios más pobres de la ciudad de Kigali, capital de Ruanda, y ya cuenta con más de 40 alumnos.

“Muchos chicos se acercan a decirme que quieren boxear, unirse al club. ‘Quiero pelear’, me dicen. Y yo les contesto que no hay que pelear. Boxear no es pelear. El boxeo es un juego”, declara Charles. “Si tienes ganas de luchar, ven al gimnasio. Ponte a entrenar y sube al ring. Nunca pelees en la calle, nunca”, añade.

Además de entrenarlos, sirve un plato de comida para cada uno de ellos, ya que provienen de familias que apenas se pueden permitir la compra de alimentos necesarios para llevar una dieta saludable y Charles quiere que sus boxeadores estén en forma.

“Ahora los chicos viven en un entorno muy vulnerable. Cuando tenga dinero me gustaría construir una casa para poder ofrecerles un buen alojamiento y proporcionar más ayuda a sus familias. El problema es encontrar financiamiento”, se lamenta.

Pero sabe que ha llegado hasta aquí luchando y este sólo es el principio para que el día de mañana sus chicos sean grandes deportistas y, más importante todavía, mejores personas.

Por: Raúl González García
Periodista