Tras un pronunciamiento de algunos militares que se rebelaron contra el régimen de Nicolás Maduro en la madrugada del martes pasado, el poder de facto de Caracas arremetió contra decenas de miles de manifestantes en todo el país haciendo uso de los equipos antimotines de la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos. Finalmente, Maduro tuvo que apelar a su última línea de defensa para poder apagar las protestas que terminaron con decenas de heridos entre manifestantes y periodistas, y una joven fallecida por impacto de bala en el cráneo.

Una lluvia de perdigones cayó sobre los manifestantes opositores en todos los rincones del país. Mujeres, periodistas y personas de la tercera edad resultaron afectados por el uso indiscriminado de las armas. En la iglesia La Chiquinquirá, donde se concentraba un grupo de partidarios de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo con Henry Ramos Allup y Manuel Rosales, los funcionarios policiales dispersaron a la manifestación pacífica persiguiendo a los opositores en motos y disparando perdigones y bombas lacrimógenas. Agazapados, los colectivos esperaban en la entrada del Fondo Nacional de Transporte Urbano (Fontur), por si las fuerzas de orden público eran rebasadas.

En Altamira, una combinación entre policías, guardias y colectivos dejó decenas de heridos, incluyendo periodistas.  La joven Jurubith Rausseo (27) recibió un disparo en el cráneo. Falleció minutos después cuando era intervenida quirúrgicamente en la clínica El Ávila. El diputado José Guerra responsabilizó a un funcionario de la GNB por haber accionado su arma de reglamento en contra de Rausseo. El hecho ocurrió a la altura de la Torre Británica, un lugar en donde también han caído otros manifestantes en protestas pasadas. No obstante, versiones recientes descartan que Rausseo estuviera protestando.

Un testimonio de un sobreviviente a los ataques de los colectivos, declaró a El Cooperante este miércoles cómo ocurrieron los ataques que iniciaron desde el propio 30 de abril, día de la insurrección militar contra Maduro.

En el resto de los puntos de concentración se repitió la escena. Tanto policías como guardias actuaron combinadamente con colectivos parapoliciales para poder mantener a raya a los manifestantes, que exigían el cese de la usurpación de Nicolás Maduro, declarado en ejercicio de facto de la presidencia tras “ganar” unos comicios discutidos en mayo de 2018.

El 11 de marzo pasado, en una transmisión televisada, Maduro llamó a los colectivos a la “resistencia activa”, advirtiendo que había llegado la hora de ponerse al frente de la defensa de su régimen: «Yo le hago un llamado a los consejos comunales, a las comunas, a los CLAP, a las UBCH, a los colectivos, a todos,  llegó la hora de la resistencia activa.»

Los colectivos, apertrechados con armas de corto y largo alcance, son vistos como la última línea de defensa del régimen de Maduro para sostenerse en el poder, cuya estabilidad se ha visto en peligro luego de la asunción de Guaidó como presidente interino de Venezuela.