El mundo se encuentra en una gran confusión y convulsionado por la forma en la que las grandes potencias se “muestran los dientes”, con el avance expansionista de Estados Unidos, que afecta los intereses económicos de las demás, en una lucha sin cuartel por la recolonización de los países. Esta estrategia geopolítica es coordinada desde los mismos centros de poder económico, donde se toman las grandes decisiones, en el objetivo de apropiarse de los recursos naturales y humanos de los “patios traseros” sometidos o en la búsqueda de “nuevos mercados”. Es innegable que esta ha sido la razón de las guerras mundiales y la humanidad está en peligro de que algo parecido se pueda iniciar. Solo el rechazo de los pueblos a estas decisiones puede salvar a la humanidad de una nueva hecatombe.

Pero la humanidad tiene un grave problema, y es que esos centros de gran poder se han convertido en dueños de la “verdad”, la única verdad que ellos aceptan, que siempre es diferente a la verdad entendida como “la coincidencia entre una afirmación y los hechos” (Wikipedia), la cual transmiten a través de sus propios medios de comunicación, que, como lo expresó Juan Gossaín, funcionan más como empresas del conglomerado económico que como un medio de comunicación al servicio de la sociedad. Es allí desde donde esos grandes medios de comunicación se convierten en manipuladores e incluso alienan a la población. En resumen, nos muestran el tipo de realidad que ellos quieren que aceptemos. Pero cuando esos centros de poder y sus grupos económicos pierden el control de alguno de sus patios traseros, entonces recurren, utilizando a sus medios de comunicación, a la instigación y la conspiración para tumbar al nuevo “dictador” de turno –no importa que haya sido su aliado– y peor aún si padece el sarampión de la “independencia”.

Colombia, a pesar de su “maniaco dependencia” y sometimiento a esos grandes poderes, no ha tenido fuertes protestas exigiendo cambiar ese régimen de oprobio que deja más de medio millón de muertes violentas, un aparato productivo arrasado, informalidad y desempleo, pobreza y miseria como secuelas de la expoliación de sus riquezas. Por eso el Estado fue preparando un aparato represivo, tanto en el marco legal –Ley de seguridad ciudadana y Estatuto de la convivencia o de la Policía– como en el militar –Escuadrones especializados y de inteligencia–, con cuya “fuerza disuasiva” –gases lacrimógenos, golpes, persecución a dirigentes y hasta asesinatos, que siguen en investigaciones exhaustivas– controla los escarceos en protestas que solo buscan mejoras económicas o salariales de gremios de productores o de trabajadores. Ante estos atropellos los grandes medios miran para un lado, registran la noticia como una anécdota más y gradúan a los que protestan de vándalos o terroristas. ¿Se imaginan la represión si esas protestas fueran para tumbar a un gobierno? Mientras en Colombia miran para un lado ante la grave crisis económica, social y política, esos medios llevan años manipulando, conspirando e instigando para tumbar “dictadores” que no encajen en el status quo de sus grupos de poder. ¡Activar redes sociales y medios alternativos es lo que ayudaría a un cambio en Colombia!

Por: JOSÉ ARLEX ARIAS ARIAS
Comunicador Social – Periodista

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