Mundialmente conocida como María Callas, Ana María Cecilia Sofia Kalogerópoulos nació en diciembre de 1923 en Nueva York. Fue la soprano más importante del siglo pasado – quizás lo sigue siendo aún – y por su extraordinario talento vocal y actoral recibió el apelativo de “La Divina”.

Hija de emigrantes griegos, en América su padre cambió el apellido Kalogerópoulos por el más sencillo de Kalós, luego modificado en Callas. En 1917, habiendo ya parido a Yakinthi, la primera hija conocida como Jackie, la madre de María tuvo un varón, Vasili, que moriría de tifo en el ’23 justo el año en que nació su segunda hija. A María bebé su madre la quiso ver solo después de cuatro días, pesaba más de cinco kilos.

Desde niña María Callas exhibió un talento inusual: a los tres años escuchaba arias de opera y a los cuatro ya componía sencillas melodías en el piano. Así la recuerda su madre Evangelia Dimitriadou en su libro “Mi hija María Callas”.

Luego de la separación de sus padres, María Callas regresó a Grecia donde en los años ’40 inició a cosechar sus primeros éxitos. Del ’45 al ’47 volvió a Nueva York, también para estar con el padre, continuó a estudiar canto perfeccionando su técnica e igualmente empezó a conocer gente importante hasta obtener la parte en “La Gioconda” de Ponchielli en el ’47, en la Arena de Verona, bajo la batuta de Tullio Serafín.

La transformación física de la Callas: de 91 kilos a 55 kilos!

En 1949 conocerá al industrial veronés Giovanni Battista Meneghini, que se convertirá en su esposo, mentor y mánager.

Desde 1950 hasta 1961 el prestigioso teatro milanés de La Scala fue su escena operística predilecta. Allí la Callas cantó obras dirigidas por von Karajan, Giulini, Bernstein, etc. Tenía problemas de sobrepeso, con sus 91 kilos encarnaba la típica soprano wagneriana; sin embargo, en 1954, bajo la dirección de Luchino Visconti actuó en “La Vestale”, primera opera lírica dirigida por el director de cine italiano, y la Callas se presentó con un vestido blanco, un físico estilizado á la Audrey Hepburn, una voz solidísima y una envidiable capacidad expresiva que en la escena, como ninguna otra soprano o mezzosoprano, proyectaba todo el “pathos” necesario (pena, pasión, cólera, alegría, amor, aflicción, etc.).

Era evidente que su formación “milanesa” – a la cual contribuyeron relevantes encuentros artísticos con personajes como Arturo Toscanini, el mencionado Visconti, Nicola Benois, Salvatore Fiume, Tullio Serafín, Franco Zeffirelli y otros – le permitió refinar su inmenso talento transformando el “bel canto” también en sublime arte dramático.

Onassis y Callas, 1959

En 1959 inicia su historia de amor con el armador griego Aristóteles Onassis. El magnate a menudo entretenía invitados de todo el mundo del espectáculo y de la realeza europea en su lujoso yate “Christina” y en julio invitó a la Callas con su esposo. Zarpando desde Montecarlo, en el crucero veraniego también estaban el estadista Winston Churchill y su esposa, el presidente de Fiat Gianni Agnelli y su esposa, y Athina Livanos la esposa de Onassis. Durante la navegación por el Mediterráneo, mientras Meneghini a menudo permanecía mareado en su camarote, la esposa de Onassis se dio cuenta que su esposo y la Callas iniciaban su tórrido romance.

María Callas se quedó embarazada de “Ari” El 30 de marzo de 1960 dió a luz un varón que falleció dos horas después. Fue un parto por cesárea. El niño sería enterrado en el cementerio de Bruzzano, un barrio en la periferia norte de Milán. Callas deseaba casarse con “Ari” pero durante los nueve años que compartieron juntos él magnate siempre buscó pretextos. Una vez en una de sus frecuentes discusiones le gritó a la Callas ; pero tú quién eres? Sólo tienes un pito en la garganta!!

Onassis era entonces uno de los hombres más ricos del mundo y vivía una vida a su antojo. En el “Christina”, luego de mantener una relación sentimental con Lee Radziwill en 1963, llegó a invitar a su hermana mayor Jacqueline, viuda del presidente americano John F. Kennedy, de la cual terminó por enamorarse – o, probablemente, anheló el estatus social e útil influencia política que la prestigiosa “Jackie” le aportaba – y en 1968 se casaron.

María Callas quedó devastada. Artísticamente había dado lo mejor de su talento en los años pasados, tanto que ya padecía algunos problemas de voz; ahora quedaba hundida sentimentalmente. “Primero perdí peso, luego perdí mi voz,” confesó en un momento de amargura “y ahora pierdo a Onassis”. Las primeras frases de la bellísima aria “Vissi d’arte”, en la ópera “Tosca” de Giacomo Puccini, podrían bien resumir los sentimientos de la desdichada soprano:

“He vivido del arte, he vivido del amor,
¡nunca le he hecho mal a nadie…!
Con mano furtiva
Cuantas miserias he conocido…”

“Vissi d’arte”, Tosca, G. Puccini

Pero el idilio entre Jackie Kennedy y Onassis no duró mucho. La caprichosa newyorkina tenía gustos extravagantes y tan costosos que el afligido magnate debía procurar de satisfacer a toda costa. Pronto la relación se volvió vacía e insoportable para el magnate naviero.

En 1973, Alexander el hijo único de Onassis fallecía con 24 años en un accidente de aviación. Onassis, desesperado y deprimido, buscó apoyo en María Callas repetidas veces; sin embargo, ella, herida en su orgullo, lo rechazó y junto con el tenor Giuseppe di Stefano durante 1973-74 se embarcó en el tour del adiós a su profesión. Onassis, secundado por su hija Christina y ya decidido a tramitar el costoso divorcio de Jacqueline, murió en marzo 1975.

Entre 1975 y 1977 María Callas vió desparecer varias personas importantes que fueron parte de su vida: su querido padre Geórgios, del cual un día dijo “Nadie me amaba y yo no amaba a nadie, excepto a mi padre”; el director de cine Pier Paolo Pasolini, con el cual había rodado la película “Medea”; los geniales directores de cine Luchino Visconti y Roberto Rossellini; y Aristóteles Onassis, su apasionado amor, del cual finalmente proclamó “Soy su viuda”.

Desde niña María Callas añoró cariño, algo que siempre le fue elusivo. “Mi hermana era delgada, hermosa y con carisma,” dijo una vez “mi madre siempre la prefirió. Yo era el patito feo. Es cruel hacerle sentir a una niña que es fea y poco querida… nunca le perdonaré por quitarme mi niñez.” De hecho, María truncó toda relación con su madre desde 1950. “Solo cuando cantaba,” confesóme sentí querida”.

La “Divina” murió en París en 1977. A sus 53 años, probada en su salud y en su corazón, a veces abusando de barbitúricos para calmar sus ansias o poder dormir, María Callas sucumbió a una crisis cardíaca en casi absoluta soledad.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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