Más allá del Covid: obligados a rediseñar la ciudad con nuevo enfoque

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La crisis derivada de la pandemia y las medidas sanitarias para prevenir contagios han transformado la manera como diseñamos y vivimos en las grandes ciudades. La crisis del COVID-19 representa una oportunidad para los habitantes de las ciudades y los planificadores para reconsiderar drásticamente sus paradigmas de consumo, producción y transporte; de ahí la necesidad de reconstruir ciudades a largo plazo mediante un nuevo enfoque de sus espacios urbanos con base en las nuevas y diferentes necesidades desde una lógica de movilidad hacia una de acceso a los servicios básicos, no es la ingeniería para construir más vías y más accesos sino la “desmovilidad”, moverse menos en un entorno que permita acceder a lo que se requiere. Reinventar la proximidad es disminuir la movilidad obligada para que, las que sean necesarias, sean más fluidas.

La pandemia ha revolucionado la manera como la gente viaja y trabaja, proponiendo planes de transporte y movilidad que animan a utilizar la bicicleta, patineta o a caminar. Podemos citar los casos de Nueva York, comprometido a dar apertura a 100 millas de calles para el recreo social responsable durante la crisis, París ha desplegado 50 km de carriles de emergencia durante y después del confinamiento, incluyendo varios “carriles bici covid” y está aplicando la política de restringir el uso de los coches, promoviendo calles para niños, prolongando así las áreas de juego sin peligro y favorecer la actividad y encuentro físico, permitiendo además que 30 calles vehiculares se conviertan en peatonales para continuar transformando la movilidad hacia una ciudad 100 % bici en el 2024.

Toronto ha ampliado las aceras en algunos lugares, bloqueando secciones de carreteras, Milán también anunció que renovaría 22 millas de calles en el verano. Bogotá anunció una ampliación de 35 km de bici carriles, los cuales se añaden a los 550 km ya existentes. Los citados, son algunos sólidos compromisos con las formas limpias de movilidad urbana que han inspirado a muchas otras ciudades en el mundo, dejando grandes beneficios, entre ellos, el impacto positivo en la salud, en el bolsillo de los usuarios y por supuesto en el medio ambiente.

Antonio di Campli, profesor investigador en planificación urbana del Politécnico de Turín, Italia, compartió con la comunidad académica e interesados en el área, sus impresiones sobre la dirección que deberán tener las ciudades del mundo tras el gradual desconfinamiento, lo que se conoce como «nueva normalidad». Sugirió redefinir las grandes ciudades en pequeños espacios donde todas sus necesidades materiales y humanas sean cubiertas. Se trata de pasar de recorrer grandes distancias desde las periferias al centro hasta llegar al predominio de los barrios que no sean una asociación de edificios sino también una red de relaciones sociales, un entorno donde los sentimientos y la simpatía pueden florecer, barrios como un espacio multifuncional en donde cada uno debe ser como un pequeño pueblo autosuficiente, surgiendo el «urbanismo de cuarentena» como proyecto para reestructurar los espacios públicos de las ciudades en la «nueva normalidad» que plantea esta pandemia.

Esta cuarentena se ha convertido en un lujo para la gente de barrios ricos y quienes pueden hacer trabajo remoto, pero la realidad es que también es injusta y desigual para las clases sociales más desfavorecidas, quienes no pueden aislarse de forma estricta sin ver una fuerte afectación económica. La pandemia es una experiencia muy fuerte que nos impone una discontinuidad conceptual en nuestra forma de pensar, de accionar, de distribuir el presupuesto, de planear la ciudad y de estar haciendo las cosas como antes. El mundo de la política en nuestro pais tendrá que dar giros de 360 grados durante la pandemia, por la crisis de legitimidad evidenciada tras las protestas ciudadanas. Nuestros gobernantes han sido llamados a salir de la burbuja para darse cuenta que las ciudades requieren una renovación y deben facilitar soluciones sociales económicas y políticas que permitan rediseñar las ciudades con un nuevo enfoque ciudadano a través de una amplia y verdadera participación incluyente que ha demostrado que si es posible cambiar el rumbo de las cosas, de las ciudades y sus espacios; aunque sabemos que este reto no se ganará si no se cambia el comportamiento de los habitantes, creando nuevas urbanidades y realizando un trabajo pedagógico enfocado en un cambio cultural que permita hacer de la cercanía de cada cual, lugares de encuentros festivos, que la cultura y el arte estén presentes, que los niños y jóvenes, se sientan bien y seguros en su barrio.

¿En qué ciudad queremos vivir frente al desafío del cambio climático, a la vulnerabilidad evidenciada por el reto de la pandemia y a la deuda social que están reclamando con vehemencia los ciudadanos informados de hoy que demandan la creación de nuevos instrumentos que garanticen un accionar íntegro del gobierno, una inversión pública eficiente y nuevos modelos de ordenamiento urbano y rural que generen calidad de vida?

Por: Carlos Alberto Arias Baquero
Formulador de proyectos con especialización en análisis empresarial, consultor, conferencista, columnista, líder social. asesoriayliderazgo@gmail.com