Mas de 230 empresas exportadoras nacionales aplican cada vez más estándares sostenibles

Implementar iniciativas con un enfoque sostenible en las empresas se ha convertido en una tendencia y además, en un buen negocio.

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Ya son alrededor de 230 empresas nacionales las que hacen parte de Global Reporting Initiative, una organización internacional reconocida por elaborar informes y memorias de sostenibilidad.

De acuerdo con Goldman Sachs, uno de los bancos más importantes a nivel mundial, las empresas consideradas líderes en sostenibilidad ambiental han superado en un 25 por ciento su valor.

Por otro lado, en 2015 cuando las Organización de las Naciones Unidas planteó los Objetivos de Desarrollo Sostenible, indicó que las compañías que adoptaran dichos objetivos obtendrían retornos diversos como obtener eficiencia operacional, reducción de costos, atracción y retención de talento y hasta interés y fidelización de los clientes. Además, en Estados Unidos, un estudio de la agencia de publicidad BBMG concluyó que nueve de cada diez habitantes preferirían comprar a compañías con prácticas laborales y comerciales justas y con políticas amigables con el medio ambiente.

Lo anterior ha marcado una hoja de ruta para las empresas que en los últimos años han comenzado a incluir en sus procesos operativos estándares de sostenibilidad. Esta tendencia no es ajena en Colombia. Ya son alrededor de 230 empresas nacionales las que hacen parte de Global Reporting Initiative, una organización internacional reconocida por elaborar informes y memorias de sostenibilidad.

Entendiendo la importancia de esta tendencia, ProColombia reconoció en la pasada Macrorrueda de Negocios 80 a cinco empresas con prácticas sostenibles, las cuales al exportar sus productos deben ir un paso adelante en cuanto a parámetros de sostenibilidad, pues los mercados internacionales son muy exigentes con estos estándares.

“Reconocimos a estas empresas porque su función se basa en ser amigables con el medio ambiente y por generar un impacto positivo en la sociedad. Nosotros en ProColombia incentivamos en los empresarios políticas sostenibles, pues solo asumiendo estas prácticas se logra ser más competitivo frente a otros mercados internacionales. Incluso, estos mismos objetivos misionales los practicamos dentro de la organización”, explicó Flavia Santoro, presidenta de ProColombia.

La funcionaria agregó que “la sostenibilidad es un elemento no negociable en las transacciones internacionales. Es un diferenciador y un sello de confianza para el consumidor. El comprador quiere que el impacto de su importación sea positivo y se vea reflejado en las comunidades. No en vano, una de las seis líneas de servicio del programa de Fábricas de Internacionalización es Proyectos Sostenibles”, añadió la Presidenta de ProColombia.

Precisamente esta línea de servicio nace luego de que ProColombia identificara que existen comunidades que, por su ecosistema empresarial y ubicación geográfica, requieren de un acompañamiento especial para poder llegar a un mercado internacional; es el caso de proyectos liderados por campesinos, indígenas, víctimas del conflicto armado, mujeres, afrodescendientes, entre otros.

Además, surgió la necesidad de que la entidad contribuyera al desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, sumado a que cooperantes internacionales buscan proyectos para apoyar, pero requieren de un acompañamiento especial para que sus recursos sean invertidos de la manera más apropiada.

Pisos hechos con café

En cuanto a las empresas reconocidas está Woodpecker, la cual se dedica a la producción y comercialización de productos fabricados con material ecoamigable con sede en Cota, desde donde exporta a Cuba pisos hechos con café.

“Escogimos este material porque es el sello colombiano más característico y además, se consigue en Colombia, es homogéneo y era una fibra que se estaba botando”, explicó Alejandro Franco, representante legal de Woodpecker, quien cuenta que la empresa nació a raíz de un trabajo conjunto entre la Universidad de Los Andes y Colciencias hace 10 años.

Su objetivo era hacer productos con WPC (wood plastic composite) que combinara fibra y polímero con mayor duración y así fue como encontraron que el cisco del café (cascarilla que sobra después de la trillada del grano) era el elemento perfecto. A este material se le agregó PVC rígido reciclado, el cual se saca de tuberías, tarjetas de crédito y paquetes de dulces, entre otros.

La empresa trabaja con un enfoque de reestructura social, por lo cual han decidido construir casas, colegios, bibliotecas y baterías sanitarias, entre otras estructuras, en los lugares más apartados de Colombia. “Llegar allí no supone inconvenientes, al contrario, tiene muchas ventajas porque el material es liviano y no es combustible… además, no se necesita mano de obra especializada y se construye en corto tiempo”, dijo Franco.

Gracias al proyecto, se han hecho más de 2.600 construcciones en varias zonas del país, incluso se ha llegado a construir estructuras en los pueblos Wayú y Embera, con la idea de que sean adaptadas a sus necesidades y costumbres. Además, la empresa espera fortalecer su comercio exterior y piensa conquistar mercados como Venezuela, México o Perú.

El sistema de construcción que utiliza Woodpecker es en seco; en un proceso común se hacen mezclas en sitio que usan energía y agua, entre otros recursos, pero aquí se usa aguas lluvias y el material defectuoso se reprocesa para generar el mínimo desperdicio posible.

Accesorios con madera reforestada

Otra empresa ubicada en Bogotá que también fue reconocida es Artecma, la cual lleva 43 años en el mercado con sus accesorios de madera, los cuales exporta a Ecuador, Costa Rica y Bolivia, además, está empezando a explorar mercados como México y Estados Unidos.

Hace más de diez años esta empresa ajustó su modelo de producción para integrar prácticas sostenibles que protegieran el medio ambiente; investigó sobre el uso de madera reforestada y encontró en este material el insumo para elaborar sus accesorios, el cual cuenta con certificación del Forest Stewardship Council (FSC), una organización internacional que promueve un manejo ambientalmente adecuado, socialmente beneficioso y económicamente viable de los bosques del mundo.

Artecma fabrica productos ergonómicos como mesas y soportes para computadores e impresoras, además de aparatos para apoyar el brazo y una línea de descansa-pies, entre otros accesorios. “Nosotros utilizábamos otras maderas, pero nos dimos cuenta de que para tener futuro debíamos utilizar madera sostenible, es decir que sea reforestada; así aseguramos nuestra permanencia en el mercado y protegemos el medio ambiente”, explica Mario Botia, gerente general de la empresa.

La empresa utiliza tres tipos de madera: pino caribe y refocosta, las cuales son colombianas; y MSD, láminas de madera que importan de Chile y Brasil. Además, utilizan corcho, también certificado, proveniente de Portugal.

Productos de aseo con plástico reciclado

Por su parte Acebri, ubicada en Mosquera y creada en 1985, se ha convertido en una de las empresas productoras de escobas, cepillos, fibras para refuerzo de concreto y láminas protectoras de flores más importantes en el país, cuyo mercado de exportación más significativo es Estados Unidos.

Su principal insumo es el plástico sacado de envases de aceite y otras botellas de colores, un material que se recicla poco, pues, por no ser transparente, resulta menos atractivo para las empresas. Por esta razón y por la gran cantidad de recipientes oscuros que se tiran sin darles un segundo uso, hace 10 años Acebri comenzó a trabajar con este material, llegando a reunir 12 millones de botellas mensuales gracias al trabajo que hace con recicladores; el objetivo ahora es que esa cifra llegue a 20 millones.

Durante el proceso de recuperación del plástico se tiene en cuenta, además, el ahorro de los recursos, generando un círculo virtuoso sostenible. “Al ser botellas que antes conservaban aceite, su limpieza toma más trabajo, sin embargo, con las máquinas que tenemos reciclamos también el agua y la que usamos la purificamos”, explica Carlos Briceño, gerente general de Acebri.

Precisamente, pensando en ese ahorro constante, recientemente la empresa lanzó al mercado colombiano cubetas para huevos, pues la fabricación de los cartones que suelen usarse para esto consume mucha agua.

Briceño, quien afirma que hacer de esta actividad algo rentable tomó tiempo, asegura que “el mayor reto fue entrar al mercado colombiano con nuestros productos, por lo que debimos aprender a solventar mejor los costos; una vez superado esto, vemos que ser sostenible es rentable”.

Con impacto social

Finalmente, una empresa proveniente de Itagüi, llamada Nutrifuturo, tiene una línea de productos de alimentos saludables llamada Casai que exporta hacia Estados Unidos y Centroamérica. La compañía trabaja con personas que fueron víctimas o victimarios en el conflicto armado de Colombia.

Esta decisión se tomó cuando contrataron, sin saberlo, a una persona que estuvo condenada por falsos positivos y quien, durante su tercer día de trabajo, decidió revelar que había mentido en su hoja de vida. Para Juan Esteban Garzón, fundador y gerente de la empresa, aquella confesión fue un acto de valor que merecía la pena apoyar.

Un tiempo después, Garzón se enteró de que otro de sus empleados había sido víctima del conflicto a causa del asesinato de su padre, quien fue declarado falso positivo. Sin embargo, el dilema estuvo en que el empresario descubrió que el victimario de aquel trabajador era la misma persona que días atrás había mentido sobre su pasado judicial.

Fue así como Nutrifuturo ajustó su política de contratación y, con la ayuda de la Agencia Nacional para la Reincorporación y la Normalización, ahora brinda oportunidades a este grupo de personas que provienen de regiones como Chocó y de varios municipios de Antioquia como Bello o Segovia. “Hoy tenemos 18 empleados que son víctimas; excombatientes de las Farc y de las AUC; y militares condenados por falsos positivos”, indica Garzón y agrega “ellos nos hicieron entender que, más allá de sus historias de vida y el pasado que los separa, tienen un futuro para construir algo positivo. ¡Y eso es lo que están haciendo!”.

“Ser una empresa con impacto sostenible es todavía voluntario, sin embargo, en los próximos años será obligatorio porque el mundo lo está demandando cada vez más. Hoy suena innovador, pero más adelante será extraño que existan empresas que no tengan un impacto sostenible o social. Definitivamente, estas políticas se deben convertir en un objetivo misional”, concluye Garzón.