En Argentina, como en otros países, desde hace muchos años ha existido una cultura “underground” que poco a poco se han abierto espacios para subsistir, en ello mucho tienen que ver los promotores culturales y su ardua labor.

Maximiliano Curcio, escritor, docente, comunicador y promotor cultural, es autor de “El asombro se parece a una fotografía” y que se puede solicitar en formato digital en  sieteartesmultimedia@outlook.com.ar  , un libro que explora su faceta como fotógrafo y que hace de la imagen literatura que expresa emociones y sensaciones.

Y es precisamente la comunicación, la que lo llevó a conocer gente que, consciente o inconscientemente, le permitió ser parte de un movimiento cultural genuino, polémico y que sigue vigente y que él ha ayudado a que lo conozcan otras generaciones, fuera de su país, Argentina.

Ahora se ha involucrado en un nuevo proyecto que es Gabinete de Colección.  y que como no puede ser de otra manera además de exitoso será innovador.

Maximiliano, ¿en qué papel te sientes más cómodo: director, editor, escritor o promotor cultural?

Estimado José Luis, disfruto de cada una de estas facetas que mencionas, creo que lo principal es no quedarnos quietos y buscar nuevas formas para producir contenidos. En lo personal, me veo ecléctico, inconformista, siempre persiguiendo nuevos desafíos. Nuevas maneras de comunicar, nuevas fronteras que superar, es mi naturaleza como ser creativo. La insatisfacción permanente es un gran motor. Las ideas me exceden en el tiempo que dispongo para poder llevarlas a cabo. Es una lucha eterna que libramos, creo que nos pasa a todos quienes creamos. Escribir es mi hábitat natural y es una actividad que no puedo dejar de hacer cada día. Dirigir y editar un sitio web (la publicación cultural Revista Siete Artes) exige otra parte de mis competencias. Son estas actividades un gran desafío y lo tomo con tal seriedad, igualmente lo es la labor de promotor cultural. En definitiva, nos movemos en los territorios del arte y la creación, que tan bien nos sientan, por otra parte, no sabría que otra cosa digna hacer de mi vida. Sabemos que ni las contingencias ni la coyuntura son sencillas, pero buscaremos la manera de sortear obstáculos; también nuestro propio escepticismo, es parte de la lucha diaria. Siempre se retroalimentará nuestra pasión por el oficio cultural en la pulsión para seguir haciéndolo, intentando de que sea cada día un hecho superador, hoy mejor que ayer y mañana, mejor aún. Esa es la mentalidad irrenunciable.

¿Qué te motivó para iniciarte como promotor cultural?

Supongo que el deseo intrínseco de comunicar, la necesidad impostergable de pronunciarme acerca de aquello que estéticamente me conmueva. Compartir miradas acerca del arte que puede sensibilizarnos, con el cual podemos conectar en múltiples niveles. Considero que la cultura es un eslabón fundamental de nuestra sociedad, un alimento espiritual a menudo subestimado. La cultura es educación y viceversa. Tenemos la misión, como educadores y comunicadores, de ser ese instrumento, ese canal, ese vehículo. Nuestra pequeña revolución, tan ncesaria. Nuestro manifiesto anti-monotonía. Tenemos la responsabilidad de visibilizar material cultural, de divulgar, de hacerlo accesible, entre tanta mediocridad circundante. Hay artistas maravillosos creando en soledad y escritores magníficos con mucho de su talento volcado en páginas para ser mostradas. Cineastas emergentes filmando con pocos recursos, músicos independientes recorriendo escenarios soñando con trascender. En lo personal, implica una gran responsabilidad contar con un medio autogestionado que pueda convertirse en esa vidriera. Como escritor y artista visual, me veo en ellos reflejado.

 Cuenta a los lectores de “El asombro se parece a una fotografía”, ¿cómo surgió la idea de ese gran libro?

Primeramente, te agradezco los elogios hacia el libro, que estará disponible a fines de este mes en formato papel y digital, en calidad de ilustración a todo color; una edición cuidadísima, hecha con absoluta artesanía. La idea surge como una cuenta pendiente en mi trayectoria, desde el deseo de reunir mi archivo fotográfico de casi una década en un dispositivo físico que pudiera contener todo el material, o la mayor parte de él. Hice hincapié en el sentido de homogeneidad que requiere poner en perspectiva un cuerpo de trabajo, reunido bajo temáticas que aúnen la búsqueda de un trabajo fotográfico que, mayormente observa y admira la naturaleza. Encontrarme con mi mundo privado a lo largo de todo este tiempo, visitando distintas etapas de mi vida, diferentes lugares geográficos, va tramando un relato más inconsciente que planeado. Poder apreciar este camino de aprendizaje en el campo fotográfico es revelador. Me conecta con cierta parte de mi ser creativo que pretendo seguir explorando de aquí en más. Comprobar como evoluciona este gran mapa de emociones, formas, colores y abstracciones, que demanda años en salir al mundo es no menos que sorprendente…son los designios de nuestra trayectoria, inasibles.

Al menos de esta forma, a modo de catálogo físico, saldaré ya la cuenta pendiente. Uno va fraguando una obra que lo supera; por ello, intento contener en estas trescientas páginas instantáneas que son el rastro, la huella, de ese universo alrededor. Uno no hace más que agudizar la capacidad estética de observación. Y darlo al mundo, brindarlo. Creamos de modo incesante, es nuestra esencia. Y si bien muchas de estas fotos ya circulaban en mi sitio web previamente, mi intención era superar el refugio virtual y ambicionar con este objeto físico, cuyo acabado estético no deja de ser una bellísima obra de arte en sí. La tarea consistió en recopilar, ordenar, seleccionar y optimizar cada imagen. Un proceso de curaduría que implicó un trabajo de meses, muy detallado y pormenorizado en su edición, realizado junto a Gráfica 12/50, de la ciudad de La Plata.

Una vez que el título del libro se me reveló, fue casi automático como cada imagen acabó ocupando su justo lugar. Supe lo que quería comunicar, y de a poco fueron surgiendo, con un gran poder de evocación, cada uno de los títulos que conforman los diecisiete capítulos del libro. Y con un sentido fuertemente poético. Nunca más cierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras. No obstante, al tratarse de un proceso de selección tan arduo, ha quedado material afuera. Y como mi ojo nunca se queda quieto, sigo capturando todo aquello que llama mi atención. De manera que, debo decirte, “El Asombro se Parece a una Fotografía” estimo tendrá, más pronto que tarde, un segundo volumen. Al menos. A por ello vamos.

 Cuenta a los lectores de tu nuevo proyecto Gabinete de Colección en los que hablas de “Maravillas, Curiosidades, Filias y Obsesiones”, ¿cómo surgió la idea de esa nueva publicación?

Mi penúltima locura, mi próxima criatura. Una idea creativa que surgió como casi siempre, una epifanía, en la manía de acumular objetos artísticos de colección. Un espacio lúdico que nació sabiendo que quería convertirse en ese gran reservorio de cultura. Es abrir mi mundo personal. Una ventana hacia mi tesoro de inocencia. En “Gabinete de Colección” escribo acerca de las películas, las pinturas, los discos, los libros y toda forma de arte que me atraviesa y deseo analizar, debatir, recomendar. Documentales, fotografías, series de TV y esculturas se incluyen también. Se ha convertido en un amigable Frankenstein. Un refugio donde me siento a gusto, poniendo a prueba mi propia capacidad de análisis y sensibilidad estética. Jugando con mi propia memoria…filias de coleccionista. Planetas equidistantes que revelan lo esplendoroso de toda aquella forma de arte que incita nuestra curiosidad. “Gabinete…” es una torre gigantesca hecha de arte de culto que dialoga con el pasado y el presente. Soy un gran coleccionista, un sibarita cultural te diré. De manera que el juego de construir bibliotecas, cedetecas, pinacotecas o videotecas solo alimenta mi paladar esperando resonar en cada lector. Toma la idea de los antiguos cuartos de maravillas renacentistas como pretexto estético-conceptual para ordenar este caos universal de referencias, influencias, obsesiones y neuras de todo quien consume este tipo de contenidos sin ningún tipo de limitación. La extravagancia embellece al acto. Y si bien supe, desde el minuto uno, que lo iba a disfrutar muchísimo, jamás pensé que a seis meses de concebir la idea ya estaría a punto de lanzar la revista en formato gráfico dedicado exclusivamente a este itinerario absolutamente azaroso. Un sueño postergado hecho realidad poder editar en papel.

Y aquí ocurrió algo interesante: cuando gesté el espacio, pensé en un formato multimedial o transmedial. Hoy en día ya superamos la marca de siento setenta objetos de colección y se pueden acceder a los contenidos desde la revista  o mi sitio web personal , incluso fantaseé con llevarlo al formato de radio, que es una variante que seguramente implementaré el año próximo. Pero cuando visualicé la idea de convertirlo en revista (proyecto que pronto se concretará, imprimiendo una tirada limitada aquí en mi ciudad), fue tan atractivo poder aplicar mi visión estética que se materializó casi por arte de magia. Supe que iba por el camino correcto. Por otra parte, es el primer proyecto en donde, no solo escribo los contenidos, sino que me encargo del apartado de diseño visual. Con lo cual, pude volcar otro aspecto de mi faceta creativa y la aventura se tornó en un viaje fascinante. Un vuelo libre. Esos hallazgos fortuitos que nos renuevan. Tenemos entre manos ese juguete que no queremos abandonar. Hemos logrado que “Gabinete…” tenga un acabado visual que le da absoluta identidad. Es un objeto de arte en sí con toda su iconografía. Tres volúmenes de cien páginas cada uno, en papel de ilustración a todo color. Podría decirse que es una edición de autor, personalísima.

 ¿Cómo es Maximiliano como fotógrafo y a que aspira?

Igual que como escritor, sumamente inquieto. Atento, curioso, en la búsqueda incesante de capturar aquello que transcurre a mi alrededor, para luego transformarlo, sintetizarlo, deconstruirlo, recrearlo bajo mi mirada. Aspiro a seguir haciéndolo mientras el asombro no me abandone…supongo que vine a este mundo a comunicar mi mirada, y no puedo evitarlo. Puedo quedarme horas enteras buscando, obsesivamente, la perfección de una imagen. La cámara es un instrumento y nosotros somos ese médium que transmite aquel sentido revelado. Concretamente, la fotografía me conecta con una parte de mi naturaleza creativa que no prescinde del factor lúdico para indagar su mundo interior, y que se siente sumamente a gusto y en libertad durante el proceso. Poder transmitir un parecer estético, congelando en esa fotografía un instante irrepetible, es parte de mi quimera. Descubrimos una porción de verdad, por qué no un acto de magia sin revelar el truco. Resguarda cada fotografía tomada el misterio. Al fin, puede una imagen ser tan solo una ilusión, y está bien conservar cierta opacidad, no dar todo por explícito. En lo personal, ha sido también muy estimulante explorar la faceta del dibujo digital. He intervenido un centenar de fotografías, algunas de las cuales se incluyen en el presente libro, de manera que tenemos por delante un territorio infinito de registros visuales por explorar. Perseguimos ese rastro de la luz, nos aliamos a la memoria de aquel color. Vamos tramando ese lenguaje, maravilloso, que nos conmueve. Es una gran maquinaria que se gesta, narrando la propia historia. Es una necesidad que excede todo análisis racional.

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Por José Luis Ortiz Güell