Si una expresión viene más a la medida de las circunstancias actuales es esta locución latina, “Mea culpa”, que traduce “por mi culpa”, y la cual debe estar siendo invocada, además de ser admitida, por todas aquellas personas que teniendo la oportunidad de haber hecho las cosas de mejor manera no lo han hecho así ni han estado al nivel de sus responsabilidades sobre todo en la atención de los temas más sensibles de las comunidades, y en especial en cuanto al trato al prójimo, al más necesitado.

Hoy en medio de esta impredecible situación de salubridad pública que vivimos vemos cómo de manera desesperada agonizan muchos de los que nos representan en los gobiernos actuales como tratando de subsanar o enmendar, y hasta querer limpiar sus culpas, pagando, así sea, en mínima parte o con buenas intenciones, toda esa deuda social engendrada por causa de la injusticia social que ellos mismos propiciaron.

Se ha conocido de la disposición del gobierno para aligerar la entrega de títulos retenidos a profesionales de la salud, así como el otorgamiento de plazas de años rurales sin que para ello medie ninguna traba ni papeleo, ni recomendación política, como normalmente ocurre. Entonces, sí se puede.

También hemos visto, en medio de la calamidad, la manera afanosa como los propios gobernantes, en persona, exponiéndose a ser tildados de populistas, y como queriéndose poner en paz con su conciencia, reparten de casa en casa mercados entre los más pobres con la intención de mitigar el hambre y las necesidades surgidas por causa del confinamiento obligatorio en que estamos.

Dispusieron, como queriendo remendar sus culpas y errores, ordenar la reconexión inmediata de los servicios públicos suspendidos a esa gruesa población, pobre, víctima del engaño de los politiqueros y víctima igualmente de la casi perpetua desatención por parte de quienes nos han gobernado, y por lo que de seguro clamaron en tiempos regulares. Entonces, sí se puede.

También, los del sector bancario y financiero, esos de los grandes conglomerados económicos del país, los mismos que siempre han sido amparados por los gobiernos parece que embargados por la piedad y la misericordia han dicho compadecerse de sus sufridos y exprimidos clientes decidiendo postergarles sus compromisos crediticios.” Ver para creer”, dijo Santo Tomás.

El peso de la conciencia por causa de la injusticia social y los atropellos permitidos contra el pueblo colombiano también ha llevado al gobierno a establecer la prohibición de lanzar a los arrendatarios morosos, a otorgar licencias no remuneradas, a no despedir injustificadamente a los trabajadores, así como tampoco a cancelar contratos laborales, etc., etc.

Pero a los que sí quisiéremos ver con esa actitud de “mea culpa” devolviendo, aunque sea una parte del dinero robado, son a esos que en los departamentos de Bolívar, Córdoba y Sucre, en suma cercana a los noventa mil millones de pesos han saqueado al sistema de salud a través de los Carteles de la Hemofilia, de los falsos pacientes, de los enfermos mentales, de las terapias incompletas a los niños con Síndrome de Daw y a los del Cartel de los delincuentes que recobran al Consorcio FiduFosyga.

Quiero cerrar este artículo recordando aquel pasaje bíblico que habla de un personaje de nombre Zaqueo, qué buen nombre le pusieron, que no sólo le robaba los impuestos al gobierno romano de Israel sino al pueblo contribuyente, pero que cuando tuvo un encuentro con Jesús, confrontado dijo: “Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado”.

Por: Álvaro Morales de León