Mitos y realidades de los alimentos congelados

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El ritmo de vida ha cambiado los hábitos alimenticios de las personas. Por eso han surgido alternativas que combinan la nutrición y la practicidad.

Los vegetales, papas, yucas y otros congelados son productos que además de ser fáciles y rápidos de preparar, mantienen sus propiedades nutritivas, se procesan de manera segura, y conservan su  sabor y calidad nutricional.

Sin embargo, existen mitos sobre su origen, composición y propiedades que generan muchas dudas en el consumidor, quien puede terminar sacrificando el placer de incluir ciertos alimentos, por lo dispendioso de su preparación. Dentro de las falsas creencias están:  

  1. Mito 1: Los  alimentos congelados no son de origen natural, por eso no contienen los nutrientes suficientes para satisfacer las necesidades del cuerpo humano.

Realidad: Los alimentos congelados son elaborados a partir de cultivos altamente tecnificados. Son procesados y congelados rápidamente para que no pierdan sus propiedades nutricionales. Por eso, el proceso de congelación hace posible que los alimentos conserven las vitaminas y minerales durante más tiempo. Además, se reduce el número de bacterias dañinas susceptibles de causar enfermedades.

Según Welch RW, Profesor de Ciencia de los Alimentos y Nutrición de la Universidad de Ulster del Reino Unido, “la industria alimentaria ha aumentado la capacidad de proveernos alimentos que no sólo son seguros, nutritivos y sabrosos, sino que además mejoran nuestra calidad de vida, conveniencia y salud”.

  1. Mito 2: Los productos congelados tienen grandes cantidades de sal y aceite.

Realidad: La sal es el conservante natural más usado en el mundo y en la industria alimentaria; el contenido final de sodio se debe incluir en las etiquetas de la información nutricional.

La regulación en salud a nivel mundial controla a la industria para no exceder el uso de éste condimento casero, razón por la cual se recomienda no adicionar sal durante la preparación sino otros condimentos y especias con el fin de contribuir al control responsable del consumo de sal en el hogar.

Por su parte el contenido de grasa final, por ejemplo en las papas congeladas y precocidas, depende de su preparación en casa, la temperatura del aceite al momento de iniciar la cocción y la porción de alimento consumida.

Desvirtuar el mito consiste en que los excesos dependen de la forma final de consumo dado que existen estándares saludables que establecen los topes máximos de adición en el proceso industrial.

  1. Mito 3: Los productos congelados tienen otro sabor.

Realidad: Los alimentos congelados y precocidos tienen una gran ventaja: el sabor es su toque personal. Después de procesados, el material de empaque debe garantizar que no haya flujo de aire, dado que ésta imperfección acorta inmediatamente la vida útil del producto. Por ejemplo: cuando usted guarda en su nevera una parte de la comida que preparó, sin ningún tipo de protección o dentro de la olla en la que lo preparó, al otro día el sabor cambia significativamente porque ha habido intercambio de sustancias volátiles con el resto de los alimentos presentes en la nevera.

Es por eso que el sabor de los productos siempre será el mismo, debido a que el proceso de congelación y empaquemantiene sus propiedades físicas. Esto, siempre y cuando el alimento congelado sea almacenado en las condiciones adecuadas e indicadas por el proveedor.

  1. Mito 4: Los alimentos congelados son más caros, en comparación con los no procesados.

Realidad. Los alimentos congelados aprovechan el producto en su totalidad y el consumidor no paga por cantidades que no vaya a utilizar, es decir, usted compra 100% parte comestible, además listo para usar.

  1. Mito 5. Cocinarlos es complicado y tarda mucho tiempo.

Realidad. Los productos congelados son prácticos, en la mayoría de casos están listos para su preparación y no necesitan una descongelación previa. Además, ofrecen la posibilidad de poderlos de diferentes formas.

  1. Mito 6. Los productos congelados contienen conservantes.

Realidad: el frío, el método natural de conservación de alimentos, permite que las vitaminas y minerales de un alimento permanezcan durante más tiempo.

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