Esta sí debía ser la tapa de la olla podrida en la que nos han convertido a Colombia; ya no hay más adjetivos para calificar la frustración que se siente al vivir en uno de los países más corruptos del mundo. Lo grave es que no aparecen actos de contrición por parte de los autores, que se esconden en el mutismo cuando son pillados con las manos en la masa, como en el caso de Luis Gustavo Moreno Rivera, el Fiscal Delegado para la lucha Anticorrupción, que fue detenido por, presuntamente, exigir sobornos para frenar o actuar a favor de delincuentes; en este caso, tanto el “Santismo” como el “Uribismo” han quedado nuevamente fusionados en la más detestable corrupción.

A Moreno Rivera se le sindica de que a menos de dos meses de haber sido nombrado como jefe de la Dirección Anticorrupción de la Fiscalía, presuntamente habría empezado a pedir el pago de coimas para favorecer al exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons Muskus, en investigaciones por irregularidades en millonarios contratos. Como lo publicaron los medios, esta versión aparece en la acusación de la fiscalía del Distrito Sur de la Florida –Estados Unidos– contra Moreno y contra el abogado Leonardo Luis Pinilla Gómez, quien había trabajado con el destituido Jefe Anticorrupción. Ambos fueron acusados por conspiración para lavar dinero con el fin de promover un soborno en el extranjero y por eso la Corte Federal emitió una orden de captura con circular roja de Interpol, comunicando la respectiva solicitud de extradición a la Fiscalía colombiana. Para colmo de males, Carolina Rico Rodríguez, esposa de Moreno, habría transportado parte del dinero del supuesto soborno; Rico Rodríguez estuvo presa en la cárcel El Buen Pastor de Bogotá, sindicada del delito de narcotráfico, donde conoció a Moreno mientras se le seguía el proceso judicial, que Moreno como penalista logró que la absolvieran, acusando a la abuela de ella, entonces fallecida.

Jorge Enrique Robledo, candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo, ha persistido en exigirle al Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, que se pronuncie sobre las razones que tuvo para hacer el nombramiento de Luis Gustavo Moreno Rivera como director de Anticorrupción, aclarándole al país quiénes fueron los padrinos políticos del prestigioso abogado, hoy caído en desgracia y a quien ya nadie conoce, luego de haberse movido en las borrascosas aguas de los altos círculos del poder colombiano. Moreno Rivera fue apoderado de políticos como Luis Alfredo Ramos y asesor de la Comisión de Acusaciones de la Cámara, en donde tuvo acceso a los expedientes de los presidentes de la República que han sido demandados. La investigación contra Lyons y Moreno podría llegar a gente con mucho poder como los senadores Bernardo Elías Vidal y Musa Besaile. De ahí el mutismo del “Santo-uribismo” que aparecen untados hasta los tuétanos.

En Moreno podría haber quedado la investigación sobre Odebrecht y Reficar, entre otras, por lo cual, razón tiene Robledo en exigir que el Fiscal General se declare impedido en dichas investigaciones:

¡Por dignidad, Néstor Humberto, renuncie!