A simple vista, romper cosas no parecer ser la mejor idea al momento de emprender un negocio. Sin embargo, desde marzo, cerca de 1500 personas se han dado cita para romper artículos del hogar, aparatos electrónicos y muebles en The Wrecking Club, dos habitaciones reforzadas en un sótano del distrito textil de Manhattan.

La mayoría de los clientes han sido parejas que buscan algo más emocionante que una cita nocturna común y corriente, comentó Tom Daly, el propietario del club. No obstante, los matrimonios y otras uniones románticas no monopolizan la ira, según descubrió Daly.

“Eso es lo atractivo de abordar un instinto”, dijo recientemente. “Todo el mundo lo tiene”.

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The Wrecking Club no es la primera empresa que se inspira en la ira. El año pasado los políticos pusieron de moda al Anger Room, que abrió sus puertas en Dallas en 2008. Cientos de clientes llegaron al local para golpear muñecos de Hillary Clinton y Donald Trump.

El Rage Room, que se inauguró en Toronto en 2015, ahora tiene franquicias en Budapest, Singapur, Australia y Reino Unido. “Hemos ayudado a muchas parejas enojadas”, reveló Stephen Shew, el propietario que ha ideado para el Día de San Valentín un paquete nocturno de 70 dólares por dos aparatos electrónicos y 20 piezas de cerámica, desde gnomos para el jardín hasta jarrones.

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Los bates y palos en The Wrecking Club son de metal sólido. Una sesión para principiantes cuesta 30 dólares por 30 minutos con dos o tres aparatos electrónicos y una cubeta de platos. Una lista de objetos adicionales —que se muestra en un pizarrón blanco como si fueran las especialidades del día en un restaurante— incluye cajas de platos (20 dólares por una; dos por 35 dólares); computadoras portátiles (15 dólares); monitores de computadora (20 dólares); teléfonos móviles (5 dólares) y pantallas de televisión grandes (25 dólares).

Los artículos más solicitados son computadoras portátiles, monitores, impresoras y platos adicionales (Daly calcula que circulan por ahí entre 60 y 70 aparatos electrónicos a la semana).

La atmósfera y la estética de The Wrecking Club son una mezcla del sótano del bar punk CBGB hacia 1977 y una sala de interrogatorio de la Stasi, la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana. Cada habitación está recubierta de cemento picado y madera contrachapada para “acentuar al máximo el efecto destructivo”, como lo describe Daly. Los muros de yeso, señaló, no serían lo suficientemente duros para que las cosas se rompieran al arrojarlas contra ellos.

En una de las paredes de la entrada se puede ver una fotografía de la película de culto Enredos de Oficina en la cual se muestra la memorable escena en la que destruyen la impresora.

Derrick Gutierrez, artista del grafiti que además es el repartidor de FedEx de Daly, se encargó de decorar los muros con pintura en aerosol de colores negro y naranja. “Creó grafitis en el lugar como si estuviéramos en un puente”, dijo Daly con admiración. “Yo quería que tuviera la vibra de Brooklyn en los años noventa. Creo que lo logró”.

Al principio hubo algunos contratiempos, como la vez en que una pareja destruyó la computadora portátil de Daly. La había dejado en la habitación después de mostrarles un video de seguridad y olvidó decirles que no era parte de su paquete. “Todo lo que puedo decir es: ‘Gracias a Dios por la Nube’”, dijo, sacudiendo la cabeza.


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