Día tras día vamos escuchando diferentes noticias sobre violencia de género, convirtiéndose en parte cotidiana de nuestras vidas. Las diferentes leyes o modelos aplicados a frenar este problema no están dando los resultados deseados.

Yo quiero con este artículo seguir visibilizando esta lacra que arrastra la sociedad y aportar una opinión diferente utilizando como hilo conductor de la columna al mejor Presidente del mundo: Nelson Mandela.

Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su sexo, o su origen, o su religión.
Nelson Mandela

Las mujeres se convierten en un grupo vulnerable al convertirse en objeto de violencia al ser demandado como propiedad y ejercer sobre ellas poder.

En la violencia de género se incluyen diversas formas como la física y la psicológica, de tal manera que impacta de forma negativa en su libertad, dignidad, identidad, bienestar social, intimidad e integridad. Enseñar a las futuras generaciones a desmontar esas creencias irracionales les ayudará a darse permiso para sentir e identificar esas emociones y gestionarlas adecuadamente desde la igualdad.

La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo.
Nelson Mandela

La orientación de identidad personal está muy relacionado con el autoconcepto. Uno como desarrollo cognitivo y la identidad como fenómeno psicosocial.

La etapa de la adolescencia va a suponer un momento clave en la construcción de la personalidad, muchas veces provocados por experimentar sentimientos extraños, normas de grupo, valores que interioriza, su ideología y los compromisos que asume.

Es una etapa importantísima que sentará las bases del comportamiento futuro y dará como resultados su forma de ser.

La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.
Nelson Mandela

En esa etapa donde se forja la identidad de las personas, las diferentes prácticas discursivas nos pueden servir para construir realidades que acaben con la desigualdad. Desde diferentes sectores vemos cómo se enseña a la sociedad a actuar frente a otras personas que necesitan primeros auxilios, como ayudar en caso de una catástrofe e incluso como ser solidarios para aquellos que lo necesitan.

Podríamos decir que constituye una fase de la educación en prevención. ¿Por qué no hacemos esa práctica sobre la violencia de género en nuestros jóvenes? Los pequeños avances, pero no menos importantes, los hemos visto en los anuncios, en la publicidad, en pequeños cambios en las leyes…
Yo propongo seguir avanzando y hacerlo en un lenguaje incluyente.

Un lenguaje que elimine los estereotipos sexistas sociales sin ser ajenos a los mismos. Reflexionar cómo la forma de usar el lenguaje puede contribuir a la creación de una información más igualitaria.

Yo propongo el siguiente decálogo:

  1. Aplicar la regla de inversión. Dar la vuelta a la frase colocando altos hombres donde pensabas colocar la mujer y viceversa. Si la frase pierde su significado inicial y su sentido, es que estamos utilizando un lenguaje sexista.
  2. Evitar usar el género gramatical masculino como genérico e intentar nombrar a mujeres y hombres de forma igualitaria.
  3. Hacer uso de palabras neutras siempre que sea posible.
  4. Si los cargos profesionales son ocupados por mujeres, no nombrarlos en masculino.
  5. Emplear sustantivos colectivos como: “personal”, “plantilla”…
  6. Omitir el determinante siempre que sea posible.
  7. Hacer mayor uso del pronombre “se”.
  8. Hacer un uso reiterado de los pronombres “quien” y “quienes”.
  9. Evitar “fórmulas rápidas” (@) que no tienen traducción al lenguaje hablado.
  10. Reflexionar sobre cómo tu forma de usar el lenguaje puede contribuir a la creación de una información más igualitaria.
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