Niños sedados para escapar del califato

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Los ataques aéreos de la coalición internacional encabezada por Washington contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak se han intensificado en los últimos tiempos en un intento de presionar a la organización radical en varios frentes, según confirmaron fuentes militares norteamericanas a La Vanguardia.

Bajo los escombros de algunos edificios hay todavía cuerpos sin vida que están siendo recuperados, y ciudadanos iraquíes excavan tumbas improvisadas para enterrar a las víctimas. Los mandos militares estadounidenses afirmaron que “el EI utiliza a la población civil iraquí de la zona oeste de Mosul –ocupada aún por los yihadistas– como escudos humanos”, y que el ataque del pasado día 17 iba dirigido contra combatientes y arsenales de la organización.

Una fuente de las fuerzas especiales del ejército iraquí confirmó que desde la investidura de Donald Trump, el ejército de EE.UU. se impone menos limitaciones en la lucha contra los últimos combatientes del EI, que llevan a cabo una guerra de guerrillas en la ciudad vieja de Mosul. En los últimos seis meses el ejército iraquí, apoyado por las fuerzas kurdas, logró expulsar a los yihadistas de la parte oriental de la estratégica ciudad.

Mientras tanto, familias iraquíes presas del pánico intentan huir y, ante el temor a los yihadistas, suministran sedantes a sus hijos o les tapan la boca con celo para impedir que se oigan sus llantos. Hala Jaber, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), declaró que los hombres detenidos mientras se dan a la fuga son inmediatamente ejecutados, mientras que las mujeres en ocasiones son atadas y abandonadas a la intemperie para lanzar una clara advertencia.

“Las familias huyen durante la noche o en las primeras horas de la mañana, y tienen que caminar muchos kilómetros con sus hijos. Estos se cansan, y si se ponen a llorar puede ser dramático”, dijo Jaber por teléfono desde Irbil. Y añadió: “A menudo las familias dan Valium u otros tranquilizantes más fuertes a los niños para que se mantengan en silencio y el EI no los capture o ejecute”.

“Mi familia dio drogas a todos los niños pequeños”, explicó el adolescente Noor, que huyó con 27 familiares. Algunos padres explicaban que de esta forma ahorraban a sus niños y bebés el horror de la guerra y el miedo a la oscuridad.

Saad Murad, iraquí residente del campo de refugiados de Sharia –cerca de Mosul–, contó que “unas 600.000 personas permanecen atrapadas en Mosul bajo el control del EI, con limitaciones de comida, bebida, gasolina y medicamentos. De estos, unos 400.000 permanecen en la ciudad vieja”. Murad participa en la acogida a los refugiados que huyen de Mosul, e intenta brindarles los primeros auxilios. Según la agencia de refugiados de la ONU, hasta el 23 de marzo 157.000 personas acudieron a algún centro de acogida. Murad comparó la huida masiva de civiles iraquíes con el holocausto: “La imagen recuerda la salida de los presos de los campos de concentración nazi. Todos parecen traumatizados, hambrientos, deshidratados y completamente exhaustos”.

Un oficial kurdo de alta graduación que pidió permanecer en el anonimato contó que las fuerzas atacantes se están planteando nuevas técnicas de lucha urbana más adecuadas en una zona de gran densidad de población. Entre otras medidas, pretenden desplegar unidades de francotiradores que intenten eliminar a los yihadistas que todavía resisten.