No son alternativos: son máscaras

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No es propiedad de los cartageneros, como cuando la sapiencia popular acuñó «el paseo de la muerte»; «los alternativos» es una estrategia política en todo el país al elegir los cargos uninominales del gobierno y de las Corporaciones públicas. Cuando los sistemas económicos y sociales “hacen agua” porque han profundizado las desigualdades, pero además porque son dirigidos por seres humanos de la peor estirpe, que rayan en lo más profundo de la corrupción, aparecen los «alternativos», buscando el turno correspondiente para alguien que piensa diferente, que propone nuevas ideas que sean la solución a los graves problemas acentuados por esos gobernantes; es decir, algo así como para cambiar a “los mismos con las mismas». Este es el tema que más se está moviendo en todos los entes territoriales de Colombia, cuando los partidos políticos, movimientos y organizaciones sociales alistan la inscripción de sus candidatos a las gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos municipales y juntas administradoras locales. Es bueno advertir que ese proceso de selección –por apetitos inconfesables– termina dividiendo a dichas entidades políticas, creando fraccionamiento, o liquidando a esos movimientos porque en la mayoría de los casos, hay candidatos que recurren a la máscara de “alternativos», o a declararse independientes mediante la recolección de firmas, como una careta adornada para ocultar sus antecedentes y sus turbios propósitos.

Durante el último año, los partidos, organizaciones y movimientos sociales han venido tratando de conformar una Gran Convergencia que permita escoger candidatos únicos y listas unificadas como una estrategia para competir con alguna posibilidad de obtener alcaldes, gobernadores y curules territoriales; esto se debe a que por separado sus débiles estructuras los hacen presa fácil de las maquinarias del «UriDuquismo», «Santismo» y «Vargasllerismo», causantes de los graves problemas que afectan a la población, en momentos en los cuales el modelo de desarrollo con sus componentes de corrupción, clientelismo, compadrazgos y compra de votos, sirve para que secuestren y se roben los presupuestos, creando verdaderas maquinarias criminales que compiten por el voto popular en las próximas elecciones del 27 de octubre. Por eso los alternativos tienen la obligación de acertar en escoger unos candidatos con excelsas cualidades, mediante métodos transparentes, pero además, la de la construcción de un programa de gobierno que contenga la solución a las aspiraciones de mejorar la calidad de vida de la población.

Infortunadamente, en diferentes organizaciones políticas y sociales, los intereses particulares se han puesto por encima de los colectivos, generando una profunda crisis en sus movimientos; hasta el colmo que hay colectividades llamadas alternativas que han impuesto candidatos que hacen parte de ese “los mismos con las mismas”, que tienen lazos con toda la clase corrupta de Bolívar y Cartagena, se han beneficiado de los negocios que hacen con el presupuesto y el patrimonio de la ciudad e incluso han sido mencionados o relacionados en diversos casos de corrupción, y hoy los quieren imponer, cual máscara, como la verdadera solución para los graves problemas. Ellos son una traba para la unidad. ¡Es una obligación señalar a esos embaucadores!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias