De él, de Joan (o Juan) Pujol García, catalán –1914-1988–, no podría decirse lo que escribió Arturo Pérez-Reverte en el principio de su novela El Capitán Alatriste: “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”.

Pero sí, con énfasis, que fue el más audaz. Porque de criar pollos y regentear un modesto hotel a entrar en la historia como el mayor espía del mundo moderno, doble agente… ¡y condecorado por los dos bandos!, hay años-luz. Más que un milagro…

Nuevos documentos desclasficados recientemente por el gobierno británico destacan la importancia del doble agente español Joan Pujol, alias Garbo, que convenció a los alemanes de que el desembarco de Normandía iba a ser en otro lugar.

Pujol fue uno de los agentes más importantes del MI5, los servicios de inteligencia británicos, engañando a Berlín con el establecimiento de una red de espías por todo el Reino Unido que sólo existía en su imaginación.

El régimen de Hitler nunca descubrió el engaño y llegó a recompensar a este barcelonés con la Cruz de Hierro, casi al mismo tiempo que lo condecoraban los británicos.

“Garbo” convenció a los alemanes de que el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, era una maniobra de distracción y que el grueso de las tropas aliadas iban a entrar en Europa por Pas de Calais, mucho más al noroeste de Francia.

Pujol dijo a Berlín que “el presente ataque era una operación de distracción a gran escala con el propósito de establecer una sólida cabeza de puente para atraer al máximo número de reservas alemanas y retenerlas ahí de cara a dar un segundo golpe con éxito asegurado”, narró Tomas Harris, el agente a cargo de asesorar a Garbo, en un informe oficial del 13 de junio de 1944.

“Les dio motivos por los que el segundo asalto iba a ser en Pas de Calais”, añadió.

La importancia de Pujol era conocida a través de testimonios de Harris y otros protagonistas del momento, pero los documentos oficiales desclasificados este miércoles la confirman y la agrandan.

Pujol, aparentemente motivado por su odio al fascismo y comunismo adquirido en la Guerra Civil española, empezó su carrera transmitiendo a los alemanes información falsa sobre el Reino Unido que inventaba viviendo en Lisboa, aunque los alemanes se habían animado a contratarlo cuando les visitó en la embajada en Madrid porque les aseguró que iba a establecerse en Londres.

Esa información y su red de espías inventada la elaboraba con “una guía turística, un mapa de Inglaterra y unos horarios de trenes desfasados”, según un informe del MI5 fechado el 12 de julio de 1943.

“Afortunadamente, tiene un estilo sencillo y sensacionalista, gran ingenuidad y un fervor apasionado y quijotesco por su trabajo”, añadía el informe.

Pujol nació en Barcelona en 1912 en una familia de clase media. En la Guerra civil española (1936-1939) vivió su primera experiencia de desdoblamiento. El conflicto le sorprendió en el lado republicano pero acabó desertando al franquista.

Engañó hasta a su mujer

Pese a que rechazaron sus servicios inicialmente, los británicos vieron que podían sacar provecho a Pujol y le contrataron como doble agente y lo trasladaron a Londres en abril de 1942.

Pero su esposa Araceli González no se adaptaba a su nueva vida británica.

El 21 de junio de 1943, la mujer llamó a Harris amenazando con abandonar a Pujol e ir a la embajada española en Londres a revelar las actividades de su marido, a menos que la dejasen volver a España. Su enfado se debía a que su marido se negó a llevarla a una cena a la que iba a acudir personal diplomático.

Al día siguiente de la amenaza de Araceli, un agente del MI5 fue a la casa familiar donde se encontró a la mujer “sentada en la cocina con todos las llaves del gas abiertas”.

Describiendo a la mujer como “altamente sensible y neurótica”, Harris describió en un informe como Pujol armó un plan para convencerla de que había sido detenido por su conducta.

Araceli fue llevada incluso a un centro de interrogación a visitar a su marido supuestamente preso, y dos días después se disculpó, prometiendo “no hacer nunca nada” que pudiera comprometer el trabajo del espía.

La guerra ha terminado

Abril–mayo de 1945. La guerra ha terminado. En Berlín no queda piedra sobre pierdra. Hitler se ha pegado un tiro. Y Pujol, Garbo, Alaric, Arabel (sus nombres en clave) intuye que su vida corre peligro: Alemania está en ruinas, pero alguien puede hacerle pagar muy caro su informe sobre Normandía.

El MI5 lo ayuda a desaparecer. Se pierde en Angola con Araceli y sus tres hijos: Juan Carlos, María Elena y Carlos Miguel. Su existencia se esfuma… El MI5 hace rodar la noticia de que ha muerto de Malaria. Y en 1949, cuando ya no teme el disparo en la sombra y por la espalda, y con el bolsillo lleno, se muda a Venezuela. A un pueblo, Lagunillas, a casi 700 kilómetros de Caracas, y de sofocante y perpetuo clima: de 32 a 40 grados todo el año.

El documento venezolano de Joan Pujol García

Se ha separado de Araceli en 1947 y se casa con Carmen Cilia, nativa de Choroní, pueblo de maravillosas playas, y tiene con ella tres hijos: Carlos Miguel, Juan Carlos y María Elena (que morirá muy joven, a sus 20 años).

Y de doble agente se reconvierte… ¡en tendero! Funda allí la Casa del Regalo: lápices, cuadernos, libros escolares, artículos de oficina, y ofrece a sus vecinos, obreros petroleros la mayoría, la ventaja de pagar en cuotas lo que necesitan sus hijos en la escuela.

Un módico benefactor en ese mundillo de una calle principal de quinientos metros, panadería, carnicería, un banco, un restaurante chino…
Manda a sus hijos al colegio San Agustín, de Ciudad Ojeda, sólo para alumnos de clase alta.

Pero la muerte de su hija María Elena lo quiebra. Cierra la tienda y se muda a La Trinidad, una urbanización de Caracas, donde muere el 10 de octubre de 1988, a sus 74 años. Su mujer cumple el último deseo del increíble personaje: lo sepulta en Choroní, en la costa, poblado por pescadores y descendientes de africanos. Su lápida sólo dice “Juan Pujol García. Recuerdo de su esposa, hijos y nietos”.

Pero cuatro años antes, el escritor británico Nigel West, experto en temas de espionaje, lo rastreó, lo encontró en su último paradero, y rescató la verdad de su vida. La de un doble agente sin experiencia que ayudó a cambiar el curso de la guerra y fue condecorado por los dos países: la Cruz de Hierro alemana y la Orden del Imperio Británico.

Un caso único en la historia. Y en un planeta donde las leyes de la Lógica pueden naufragar ante la fantasía, la audacia, la incertidumbre, el misterio, el desatino, el azar…

El historiador británico Christopher Andrew, el biógrafo oficial del MI5, lo describió, con ocasión de la desclasificación de documentos, como “el agente doble más importante de la Segunda Guerra Mundial y posiblemente de todo el siglo XX”.