Oda a la vida ‘slow’: despacio, sin prisas ni agobios

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Si, créetelo. Vivir más despacio es posible. A pesar del tráfico, a pesar de los plazos de entrega, a pesar de las llamadas perdidas, a pesar del aluvión de correos electrónicos, a pesar de la vida multitarea, a pesar de las personas tóxicas que se empeñan en ponértelo difícil para que dejes de creer en ti… A pesar de… Respira. Vivir más despacio es posible a pesar de todo. Si tu ritmo de vida es demasiado rápido, es posible que vivas más en tu cabeza que en la realidad. Hacer ejercicio, pasear, contemplar la naturaleza, reir, compartir tiempo con tu gente (sin necesidad de agobiarles ni saturarles la agenda) y, sobre todo, olvidarte del reloj en los momentos de ocio son pasos que necesitas para acercarte al maravilloso mundo de lo ‘slow’. Analizamos las siete premisas para convertirte en una ‘slow lover’:

1. Adiós a las prisas. Hacemos tantas cosas por rutina, por costumbre o por automatismos que llega un momento en el que da miedo detenernos a pensar, a reflexionar y a escuchar el silencio y reparar en que existe nuestra voz interior, esa que te dice si estás haciendo o no estás haciendo lo que quieres y lo que necesitas.

2. Una cosa detrás de la otra. Por partes. No eres una máquina ni tienes por qué seguir ritmos que no son los tuyos. Descubre el tuyo, síguelo y trabaja y vive a un ritmo constante (¡tan útil eso de sin prisa pero sin pausa!), pero flexible. Recuerda tomarte tu tiempo para pensar, para organizar, para responder, para decidir… No te obligues a hacerlo todo deprisa. Prioriza las tareas y combina el trabajo y las pausas.

3. Apúntate al ‘slow eating’. Recupera las comidas relajadas, sin el móvil, sin el WhatsApp, sin la televisión y, si te apetece, disfrutando de la charla y de la compañía de otras personas o simplemente saboreando (repetimos, saboreando) en solitario los alimentos. Y es que el ‘slow eating’ no es otra cosa que, como explica la experta Marisol Guisasola, recuperar la forma de comer tradicional de los países mediterráneos, es decir, sentados a una mesa, con cubiertos y mejor en compañía, lo que espacia los bocados y da tiempo a que se produzca ese fantástico “reflejo de la saciedad” que la comida rápida ha eliminado, disparando las tasas de obesidad.

4. Hasta la dieta puede ser ‘slow. Además de tener en cuenta cómo y dónde comemos también hay que atender a los alimentos que comemos. Así, el Doctor Manuel Jiménez Ucero acaba de publicar ‘La Dieta Slow’ (Libros Cúpula). Un dieta que ni es milagrosa, ni tampoco está concebida para perder peso, sino que plantea un proyecto de vida saludable que pretende combinar los conceptos de adelgazamiento, salud y longevidad. La base de la dieta slow es, por un lado, el movimiento slow, ese que reclama serenidad en nuestro vertiginoso ritmo de vida que, de alguna manera, nos lleva a una cierta locura existencial. Y por otro, la defensa de los términos ‘detox’ y superfood. La palabra detox llama la atención sobre la necesidad de buscar salida a un entorno asfixiante en lo que respiramos y en lo que comemos, mientras que los superfoods o superalimentos son los recursos naturales que son fuente de salud.

5. Compensa los momentos de estrés. Cuando el exceso de actividad (o de ansiedad por picos de trabajo o de obligaciones) te agotae equilibra ese malestar con actividades relajantes que fomenten la pausa y la reflexión, como nos aconseja Raquel Sánchez Silva, colaboradora de Mujerhoy con su blog ‘Comerse el mundo’ y amante de la ‘slow life’. Quizá te cueste al principo o quizá puedas sentir que te da pereza, pero actividades como trabajar con las manos, pintar (¿has oido hablar de las mandalas para colorear?), hacer una tarea minuciosa o practicar ejercicio a ritmo lento puede ser la mejor forma de descansar.

6. Regala a tu cuerpo y tu rostro tiempo y una hidratación extra. La llamada ‘slow beauty’ invita a que cumplas a diario el ritual de hidratar, exfoliar y mimar tu piel. La reaparición de las marscarillas de arcilla como tratamiento de belleza para el cutis tiene mucho que ver con el movimiento ‘slow’. No solo te resultará útil la cosmética, también podrás mimar tu piel a través de la alimentación y la hidratación. Para que tu piel luzca sana y cuidada, recuerda beber mucha agua (los expertos hablan de dos litros diarios de líquidos).

7. Conecta con la naturaleza. La ansiedad, el estrés y la disminución de la capacidad inmunológica son algunos efectos del llamado ‘trastorno por déficit de naturaleza’, una patología que aparece si en tu vida imperan los entornos urbanos y virtuales. No es necesario abandonar la ciudad e irse a vivir a un bosque. En las ciudades se puede conectar con la naturaleza en las zonas verdes, que tienen una función terapéutica más que estética. Además, los pequeños parques de barrio nos dan un respiro en el día a día urbano. Hacer ejercicio físico en entornos naturales o naturalizados siempre es mucho mejor que hacerlos en un interior, en canchas o en la calle. Hay que buscar recursos para entrar en contacto directo con la naturaleza siempre que se pueda. Tocar, sentir elementos del entorno natural como el agua y la vegetación son grandes exponentes de la ‘slow life’.


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