Nada sé y, sin embargo, la tarde me escucha.
(John Keats)

Todo es un misterio al escribir y leer poesía. Nunca es una actividad mecánica, es casi un malestar que se agita, mueve, resuena y crece en otras dimensiones, mas allá del cronómetro y de las actividades cotidianas; una fuerza que se impone e invade, parecida al dormir y sueño, pero, se está más despierta, en trances de palabras, palabras hipnóticas, abandonado todo, en silencio…

Nada nos pertenece, ni los cuerpos ni voces, ¿quiénes somos, quién soy, de dónde vienen las voces? y por qué luego digo que esas palabras son mis poemas, poesía, y afano en publicitarlas para repetir ciclos del eterno Samsara, en goces yoicos del ‘mundanal ruido’ (casi siempre las trampas del lenguaje con su codicia y vanidad necesitan reconocimiento y aplausos).

Todos y todas utilizamos el lenguaje para la comunicación, y sabemos que los medios de comunicación masiva (gran paradoja) son un poder controlado, que nos incomunica y casi intoxica por la excesiva información; y para colmo desaparecen carreras humanísticas que exigían reflexionar ¿serán carreras muertas como las lenguas extintas -durante el último siglo han desaparecido alrededor de 400 idiomas- del latín, griego antiguo y otras? Los filósofos y literatos van por ese camino, así pues, la tendencia es la globalización cultural y tecnológica. Todavía los poetas insisten, a pesar de sí mismos y las presiones harto conocidas de la inutilidad de la poesía, pero las crisis ‘bordeline’, nos muestra historia, repotencian la imaginación creadora. Las palabras nos hermanan, como penúltimo reducto al principio de la Ley del Amor, nos acompaña.

El poeta Fernando Pessoa decía que los poetas son unos farsantes, (tuvo más de cien heterónimos), y agrega: “el amor es una muestra mortal de la inmortalidad. Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos. Me siento tan aislado que puedo palparlas y leer palabras”. Fue el poeta del ‘desasosiego’ y desarraigo, solo con sus recuerdos y de su gran amor Ofelia.

Tal vez en nuevos procesos depurativos con menos egos y narcisismos, sería otro cantar… todavía existen poetas que cuidan y restauran el alma con el fuego de las palabras, cual Nicodemo renaceremos en plena pandemia si escuchamos con el corazón.
Quizás las reflexiones, conciencia ante el temor de la muerte por el covid 19 ayuden a restaurar la esencia espiritual, y creemos que la poesía y el arte nos ayudan a resistir con nuevos lenguajes devenidos del agua y fuego… ¿Los jóvenes admiran de buena fe a los escritores y poetas como a sus maestros o profesores, porque se dan cuenta del amor y vocación de entrega en la labor pedagógica, pero que sucede cuando éstos arman tribus de dioses ‘’más allá del bien y el mal’’ y se ufanan con verborreas falsas?

En principio, es casi imposible ser poeta, porque se carece de humildad y algunas veces provoca pedirles votos de silencio, cuando cogen un micrófono. En estos tiempos se ejercitan recitales literarios vía online y hay mucha catarsis que ayudan … y bien la pandemía ha roto las presenciales, pero las ‘cadenas poéticas’ son insufribles. Reconozco la importancia de grabar un video, porque se revisan los textos, pero, en un ‘cadáver exquisito’’ en vivo online con horas en mares supra catárticos.

La vida poética es un misterio, todo es sagrado como el respirar, caminar, bostezar. No sé los motivos, causas y de repente ni siquiera sean estas reflexiones o conceptos, es realmente algo como, una energía insoportable y ese por qué escribir versos sean quizás carencias y algo me resuena el poeta colombiano Felipe García Quintero al decir “aunque la poesía no sane ni cure, sí restituye, pues lo suyo no será el rescate de algo o salvamento de alguien, sólo la restitución de ese algo para alguien, un desconocido siempre” (Agua rota).

Quizas por momentos las pérdidas continuas nos hacen retornar a la casa de la infancia, a los amores, familia, territorios vivividos o al cuerpo, cuerpos perdidos, muertes de una misma, perdones o palabras nunca dichas, tormentos y éxitos que se calman con palabras, palabras esenciales; e insisto al decir que no sabemos nada y sólo la fuerza divina nos atrae con su amo r infinito, pero el peso de las pasiones e insatisfacción nos atan a vivir o repetir deja vu terrenales, expiación y peregrinaciones.

No lo sabemos porque todo está en movimiento, vibraciones, para el descubrimiento, un tránsito continuo a nuevas formas, hay un misterio, sagrado, enigmas, de donde venimos quien escribe? palabras, palabra que fluyen para hilar y dar voces a los seres que nos habitan ‘’por la gracia de revelar sin comprender, por el secreto de la belleza y lo bello del misterio, lo cual constituye la poesía como evidencia y resistencia’’ , una conexión al extrañamiento, sin temor, es una rendición del yo, de los egos a una vida sencilla y amorosa con la fuerza del ánima que nos alienta a la trascendencia.

San Juan de la Cruz, poeta místico nos decía: que el alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa. “¿Qué mas quieres, oh alma, y qué mas buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma?”

Por: Ana Anka