Alguien dijo una vez que “pensar en la muerte te hace más santo”, y esa es una buena verdad, aun así el mundo actual poco o nada piensa en esa postrimería a pesar que todos los días a través de las noticias se transpira la muerte. Por eso, lo más común es escuchar sobre muertes violentas a través de accidentes de tránsito, asaltos y ajustes de cuentas por narcotráfico. También la muerte es compañera inseparable en los hospitales por causas variadas, enfermedades y agresiones de todo tipo.

Aun así, nuestra insensatez siempre nos lleva a creer que la muerte es para los demás y no para cada uno de nosotros, o sea somos tan soberbios que pensamos en que todavía no es nuestra hora. Jesucristo muchas veces predicó sobre la necesidad de estar preparados, y criticó las actitudes de la gente que solo piensa en lo mundano y el presente, tal como lo dice aquel pasaje: “Había un hombre rico, cuyas tierras dieron una gran cosecha. El rico se puso a pensar: ‘¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha’. Y se dijo:’Ya se lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida. Pero Dios le dijo: ‘Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será? Así le pasa al hombre que amontona riqueza para sí mismo, pero es pobre delante de Dios.San Lucas 11:16-21.

Los grandes santos de épocas antiguas en afán de recordar a menudo la realidad de la muerte seguían la costumbre, de tener entre sus poquísimas pertenencias una calavera que llevaban a todas partes, como lo hacían san Jerónimo, san Francisco de Paula y casi todos los frailes.

En la actualidad, algunos psicólogos creen que pensar mucho en la muerte es una enfermedad emocional u obsesión nociva que puede llevar al individuo a caer en estados depresivos, con pérdida de sentido por la vida y el peligro de suicidios. Sin embargo, cuando la persona piensa en la muerte con madurez espiritual o en un clima de santidad, ese pensamiento es positivo porque puede ayudarnos a ver la vida con mayor realismo y humildad.

El sabio Tomás de Kempis, en su libro La Imitación de Cristo, escribe: “Por eso deberíamos solo afirmarnos en Dios, para que no fuese necesario buscar las consolaciones humanas. Cuando el hombre de buena voluntad es atribulado, o tentado, o afligido con malos pensamientos, entonces debe conocer que necesita de Dios, y experimentar que sin él nada tenemos de meritorio.

Entonces el hombre se entristece, gime y ora al Creador por las miserias que padece, y le molesta hasta la larga vida. Desea pues, hallar la muerte para ser desatado de ese cuerpo y estar con Cristo.”

En otra parte del mismo texto, el autor expone:Muy pronto te puede llegar esa realidad. Hoy es el hombre y mañana no lo será, si se le quita de la vista, pronto también se irá de la memoria de los demás.
¡Oh torpeza y dureza del corazón humano, que solo piensa en lo presente, sin tener cuidado de lo futuro! Cada cual debería tener presente aun en todo trabajo y pensamiento, que este es su último día de vida. Si tuvieses la conciencia limpia, no temerías mucho a la muerte. Pero mejor fuera evitar los pecados que huir del miedo de la muerte. Si no estás preparado hoy, ¿cómo lo estarás mañana? Mañana es un día incierto, y que ¿qué sabes si amanecerás mañana?… ¿Qué provecho tiene vivir mucho, si por otra parte hacemos poco por enmendarnos? ¡Ah!, la vida larga no siempre nos enmienda. Si es temeroso el morir, puede que sea más peligroso el vivir mucho.
Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir. Al ver a cada hombre morir, piensa tú en que por ella también has de pasar…Cuando sea de mañana, piensa que no llegarás a la noche; y cuando sea de noche, no te atrevas a prometer ver el mañana. Por eso estés siempre prevenido, y vive de tal manera que, nunca te halle la muerte distraído. Muchos mueren de repente, ´porque en la hora que menos lo pienses vendrá el hijo del Hombre’. Cuando venga aquella hora postrera, de otra manera comenzarás a ver toda tu vida pasada, y te dolerás mucho de haber sido tan negligente y perezoso.”

Las ideas anteriores son claras y verdaderas, por eso bueno sería reflexionar con más frecuencia sobre la muerte y veremos que de paso seremos mejores, menos soberbios y más conformes a la voluntad de Dios. De hecho, si el mundo pensase así, dejaría pronto las vanidades, malas ambiciones, egoísmos, vicios, asesinatos, lujuria y toda clase de crueldad.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos