Periodismo colombiano: Todos en la cama, ninguno en el suelo

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“Todos en la cama o todos en el suelo” es un dicho popular que se usa para referirse de forma coloquial a la igualdad de derechos.

En el periodismo colombiano debemos decir “todos en la cama, ninguno en el suelo”.

Esta reflexión surge porque recientemente los periodistas y reporteros gráficos del Caribe colombiano se pusieron en alerta por el despido de 12 periodistas del Diario El Heraldo de la ciudad de Barranquilla.

Con marchas, mensajes, memes, hagstag y toda clase de manifestaciones, los comunicadores han expresado el rechazo por estas acciones, las cuales al parecer no cesan debido a que se conoció el despido del reportero gráfico Javier García Salcedo de esa casa editorial en Cartagena.

Periodistas premiados por su gran labor y periodistas de mucha calidad profesional y sus familias hoy son afectados por este despido considerado masivo. Tal vez y ‘entreviendo’ una crisis financiera en las arcas de El Heraldo, es factible que los despidos pasen a empleados de otras áreas, lo acrecentaría la masacre laboral.

Pero no es solo el diario El Heraldo el único ‘patrono’ abusador, de Colombia, lo grave es que el propio gobierno, desde el nacional, regional y local se convierte en el látigo que azota a los trabajadores, tal como se puede comprobar con las Órdenes de Presentación de Servicios (OPS).

Para poner un ejemplo y hablando con conocimiento de causa y experiencia propia, los periodistas, fotógrafos y camarógrafos (para no mencionar a los otros cargos), en las administraciones de alcaldía, gobernación y otras entidades en Bolívar, se les ‘explota’ laboralmente al legalizarles el contrato de OPS tres meses o más después de estar cumpliendo sus funciones, sin retroactividad, o sea, GRATIS!.

Para completar se desconocen otros derechos, especialmente el de igualdad, ya que unos ganan más que otros, teniendo en cuenta el grado de amistad con el mandatario de turno, el estrato dentro de la coalición de ‘su’ concejal o jefe político o en su defecto del grado de ‘amiguismo’ con el financista de campaña o el líder de turno.

Esta es la realidad que vive el periodista en el Caribe Colombiano y tal vez en toda la nación, sin contar lo que sucede con los periodistas no vinculados a medios; los independendientes que tengan un espacio para difundir sus mensajes y noticias o que se valen de las redes sociales para ejercer su profesión.

Los que aceptan se ven sometidos a la paga ‘espontánea’ de personajes públicos que consideran que con ‘chichiguas’ pagan lo suficiente para hacer pública su gestión.

Es hora de que los periodistas, reporteros gráficos y productores audiovisuales del ramo, demos un paso adelante para no quedarnos en la tan acostumbrada marcha o el tan repetido plantón y hacer la fuerza para llevar al congreso un proyecto de ley que fije tarifas para los servicios de los profesionales de las comunicaciones, periodistas, reporteros gráficos y productores audiovisuales de esta área, porque la legislación vigente realmente no aporta mucho.

Es inaudito que el Cuarto Poder, considerada la fuerza más contundente para lograr cambios trascendentales en cualquier sociedad, se vea maniatado por tan terrible atropello.

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