“Pito y Plata”

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Foto: Referencia

Es probable que usted crea que he errado al titular esta nota como “Pito y Plata” en vez de “Pico y Placa”, el modelo de restricción vehícular.

Pero no, no he errado, lo he escrito bien, y lo he hecho de tal manera porque pareciera ser que fuera este, el modelo “Pito y Plata”, el sistema operativo que en inicios de este año en Cartagena se ha apoderado de manera desenfrenada de unos servidores públicos llamados guardas de tránsito.

Hace alusión este título a la desviada manera como no pocos agentes del control del tránsito en Cartagena, violando procedimientos educativos y preventivos contemplados en la ley 1310 de 2009, abordan de manera grosera y casi delincuencial, al conductor que de manera involuntaria ha incurrido en una infracción de tránsito, aunque la misma sea de poca monta o poca significación o trascendencia.

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Se ha puesto de moda en estos llamados agentes de tránsito, esconderse o camuflarse entre árboles u otros objetos ubicados en áreas próximas a los sitios donde ellos saben de antemano que es probable que puedan cometerse faltas, aunque menores ellas sean; dejando de ejercer con este actuar la misional responsabilidad de prevenir y educar.

Después del enfático y ensordecedor sonido del pito lanzado contra el “atortolado” infractor, ordenándole su orillamiento, lo primero que hace el desvergonzado agente de tránsito es no sólo hacerle conocer al conductor la incursión en la falta, y el valor de la correspondiente multa, sino proponerle bajo un sofístico lenguaje, que el monto de la sanción, estimada legalmente en el equivalente al valor de un salario mínimo legal mensual, puede arreglarlo de “cincuenta mil maneras”.

Entendiéndose en este cifrado lenguaje que las “cincuenta mil maneras” de obviar la sanción estarán condicionadas a que aparezca o salga del bolsillo del conductor, la cifra que de manera disimulada le ha pedido el agente en medio de la diligencia.

También se dice, que una de las razones de los grandes e incontrolados “trancones” que producen los buses en el sector de Bazurto, es por los efectos aliviantes que produce en algunos agentes de tránsito ubicados en esta zona, el “árnica”, como ellos llaman, que les llega de la mano de los famosos “Sparrings”.

En el colectivo e imaginario ciudadano se cree y se dice que tales situaciones es probable que se deban, y que se han exacerbado, en razón al no pago de salarios a muchos de estos servidores públicos que se encuentran contratados a través del perverso esquema de órdenes de prestación de servicios; o en razón a que aún no hayan podido suscribir contrato con la actual administración.

Porque nada justifica el actuar de estos servidores públicos, hacemos un llamado al alcalde distrital y a su Director de Tránsito, para que asuman el control de estos hechos que desdibujan las buenas intenciones de este gobierno.

Alvaro Morales
Por: Por Álvaro Morales

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