Plan de choque para evitar el divorcio

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Nacho y Ana forman una pareja complicada. Son puro ruido y contradicción. Agua y aceite. Y a pesar de ello, acudieron a la consulta de la psicóloga Pilar Cebrián en busca de una última oportunidad. Como les sucede a otras tantas parejas, hace tiempo que comenzaron a darse cuenta de que aquello que veían como un sueño hecho realidad se estaba tornando en la peor de sus pesadillas.

El de Nacho y Ana es solo uno de los episodios que componen su último libro ‘Te quiero, luego insisto’, un manual de consejos prácticos para superar las crisis de pareja. En ellos se ve cómo llegan los niños y con ellos sus rabietas y dilemas en torno a su educación y crianza. “Lejos de unir, a menudo se convierten en un motivo de conflicto tan fuerte que empieza a distanciar cada día más”.

Aparece, cómo no, la familia política. Se la quiere o se la odia. Con sus manías, costumbres y prejuicios. Y nos cuesta soltar lastre. “Cometemos errores con respecto a este tema que pueden abrir una grieta irreparable, sobre todo si nos empeñamos en que nuestra pareja sienta hacia ella lo mismo que nosotros y que actúe en consecuencia”, explica Cebrián.

Y luego están la rutina, el sexo… “Conocerse en zapatillas está muy bien, pero no deja de tener su riesgo: ropa interior desgastada, pelos en las piernas y ese demoledor ‘corre, corre, no se vayan a despertar los niños’. Abandonarse a la rutina es uno de esos errores que mueven los cimientos de la pareja”.

Los conflictos, lejos de difuminarse, van haciéndose más presentes, hasta que solo quedan dos opciones: hacer frente o tirar la toalla. No es extraño que escapar de un matrimonio infeliz o aburrido tenga un poderoso efecto estimulante, tal y como observó el investigador londinense Yannis Georgellis. Pero puede también ocurrir que ambos lleguen a un punto de encuentro de la mano, aunque en ocasiones hayan querido morder cada uno la del otro. “Y, si a pesar de toda la tierra que nos ha podido caer, hallamos un solo motivo por el que luchar, merece la pena hacerlo”, advierte la escritora.

En ‘Te quiero, luego insisto’, Cebrián esboza un plan muy concreto para salvar la relación y recomponer el amor antes de que la ruptura sea definitiva:

  1. En primer lugar, debe haber una chispita de amor, suficiente para emocionarse o sufrir por esa persona, aunque no exista magia ni la pareja flote ya a dos metros del suelo.
  2. Es importante que la reconciliación no venga impuesta por ninguno de los tres fantasmas más conocidos: los hijos y el temor a causarles un daño irreparable, la comodidad económica o la dependencia emocional que genera una convivencia larga.
  3. Colocar la bandera en el mismo punto del camino. “Es importante que ambos perdonen todo aquello que haya podido dolerles. Si no hay perdón de verdad, cobra protagonismo una emoción que es incompatible con el amor”. Para ello, es importante el olvido. Es decir, dejar de recordar todo aquello que nos dolió de nuestra pareja.
  4. Abandonar el orgullo. Esta es una emoción tóxica para la pareja que hace inviable una reconciliación sana.
  5. Aunque haya habido confidencias con personas próximas a la pareja durante la crisis, hay que entender que en las segundas oportunidades las opiniones ajenas no son objetivas y pueden llenar la cabeza de más dudas.
  6. Trazar un plan de comunicación de manera eficaz que propicie cambios y logre evoluciones, en lugar de levantar una trinchera desde la cual ambos disparan sus frustraciones. “Los reproches jamás son una buena opción a la hora de comunicar cualquier cosa”.
  7. El objetivo no es solo evitar el conflicto, sino llegar a disfrutar de la pareja bajo el mismo techo. En este sentido, la independencia dentro de la pareja es muy necesaria. “Ambos tienen experiencias personales que pueden contar al otro al llegar a casa y la relación será más rica, pero se deben tener en cuenta los límites”.
  8. No se trata de que uno de los dos dé su brazo a torcer, pero sí renunciar a alguna de nuestras manías y tomarlo como una ocasión estupenda para crecer. No podemos esperar que todo siga como hasta ahora.
  9. Utilizar ese estado de alerta que provoca el deseo de que la pareja funcione para estar en movimiento y aportar a la relación todo aquello que la haga más interesante.
  10. Plantearse por qué han dejado de tocarse y plantearse que en cuestión de sexo nada es mejor o peor. Lo que importa es lo que queremos y nos hace sentir bien.

Aun así, Cebrián recuerda que a veces lo que no puede ser, no puede ser, y la solución será emprender caminos diferentes.