Pobreza y sencillez, sinónimo de tontos

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arece común que en este mundo hedonista y materialista, se califique a las personas por las apariencias físicas y la posesión de cosas materiales. Así, pues, cuando conversamos con alguien y pronto nos enteramos que tiene mucho dinero y alta posición laboral, profesional u ostenta algún puesto político, de inmediato creemos que esa persona es muy inteligente, en cambio si conocemos a alguien que viste muy humilde, vive en un ranchito o no tiene un buen trabajo, casi de inmediato lo catalogamos de mediocre, y lo que es peor de “tonto”.

A veces la apariencia de tonto sirve para prejuzgar que si un individuo no pudo alcanzar éxito es, por su falta de inteligencia. Si eso fuera cierto entonces personajes como Demóstenes, Mahatma Gandhi, (santos como) Francisco de Asís, Teresita de Lisieux, Agustín de Hipona, Teresa de Calcuta y muchos más (que abrazaron una vida austera y dejaron sus riquezas y placeres) serían gentes tontas, sin embargo personajes como los citados, fueron grandes sabios y gente llena de nobleza.
En la vida de san Pablo se sabe que al principio era muy arrogante, perteneciente a una clase privilegiada, y perseguidor de los cristianos.

Después de convertirse a la fe de Cristo, cultivó en lo posible la sencillez, incluso la pobreza, y entre sus muchos consejos escribió: “Revístanse de sentimientos de compasión, mansedumbre y paciencia”. (Col.3:12).

Es más, Dios aunque es dueño de todo lo creado, en su infinito amor demostró su humildad y se encarnó en naturaleza humana, y decidió nacer de una humildísima Virgen, y en un ambiente de rústico pesebre, luego los hechos bíblicos certifican, que Dios en la persona de Jesús se desenvolvió en un hogar de trabajo popular (carpintero) y en una casa muy pobre, pero rica en gozos espirituales.

Entonces, vivir en la pobreza o llevar una vida austera (muchas veces ascética) son situaciones que casi siempre implican formas de humildad. Entendamos aquí la humildad como dejar de vivir en función de la codicia, las malas ambiciones de poder económico, y político. A pesar de eso existe una gran ironía, pues a la mayoría nos gusta que los demás se comporten con nosotros humildes o más bien sumisos, sin embargo en lo individual nos da miedo ser humildes, al creer que eso puede significar debilidad.

Pero lo que menos entiende la sociedad actual, es que mucha gente es pobre por muchos factores, a veces étnicos y xenofóbicos, donde la idiosincrasia de un país o región, marginan a otras clases sociales al cerrarles el paso, al progreso y superación.

Otras veces, los esquemas familiares determinan el nivel socioeconómico; es más ¿qué culpa tienen muchos de haber nacido de padres alcohólicos, drogaditos, madres solteras y prostituidas, lo cual bastantes veces trasciende a que los hijos no tengan los medios, para estudiar en un colegio, universidad o instituto? o ¿qué culpa tienen muchos hijos de crecer en un hogar desintegrado, donde son agredidos física y emocionalmente, lo cual de cierta manera los traumatiza y los hace desadaptados socialmente?

Pero lo más importante está, en entender que la verdadera riqueza debe empezar en el plano espiritual, entonces las demás cosas vendrán por añadidura, es más, las jerarquías o valores del ser humano como “persona” deben ser: Dios en su conciencia, salud integral (emocional y fisiológica), trabajo dignificante y amor (afectivo antes que relaciones pasionales).

Retomando el aspecto de ser pobre material, eso no debe implicar que los demás intenten pisotear nuestra integridad física, ni permitir que nos empujen a hacer cosas contra nuestra voluntad, o que se nos nieguen los derechos más elementales como personas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas cotidianos