Ligia Calderón Valerín (1955, Cartago, Costa Rica). Su vida como artista empezó en los primeros años escolares, enamorándose de los colores y desde entonces su vida tiene un color diferente. De adolescente estudió Arte en La Casa del Artista escuela muy reconocida en la capital costarricense, becada por el Ministerio de Cultura y Juventud. Prosiguió con cursos de Arte en La Escuela Juan Ramón Bonilla de Cartago.

A la edad de 17 años descubrió su talento de escribir, llegaron a su vida algunos libros de poesía los cuales la cautivaron por su excelente contenido. A lo largo de su vida el papel ha sido su aliado más íntimo para plasmar sus sentimientos más profundos en poesía y reflexiones sobre diversos temas. Dice: “¡amo el papel, es mi amigo, quien me soporta, alienta y guía. ¡Amo la escritura y el color, esta soy yo!”

En este video Ligia, recita un poema de su autoría extraído de su libro Un Grito de Alma:

 

Libros publicados:

  • Un Grito del Alma, 2014 es un libro de Motivación-Autoayuda
  • Como cartas escritas, (Editorial Kuélap, Lima Perú, julio 2021), en este libro la temática central es la motivación.
  • Tiene un poemario inédito: La Percepción del Amor.

El eco de su voz

El eco de su voz tocó mi alma,
que se conecta a mi espíritu
adormecido y lo despierta.

¡Escucha mi voz, no duermas!
¡Canta mis palabras con tu boca!
Que emane en ti mi sustancia,
que mi espíritu toque tus entrañas,
se derramen como óleo delicias de mi aceite
y purifiquen en mi presencia las almas.

Que en los senderos del ser
broten torrentes de aguas,
que limpien los estanques.

Que haya sanidad en medio del desastre
y se levante el mundo errante.

Antes de que la voz del trueno se adelante
y se quiebre como seda, las pléyades
y los vientos del desierto
se apresuren a juntarse,
los relámpagos y el fuego
hieran la tierra
y la consuman incesantes.

Un bello lugar

Existe un lugar donde huele a aromas,
de rosas, de nardos, perfumes dulces,
óleos de madera que embriagan la mente,
que dan sensaciones de alegres danzas
de hadas que cantan y bailan.

Si cierro los ojos escucho la vida,
sonidos que encantan, susurros divinos.

Las montañas lloran lindas cataratas
corrientes de aguas que, en su recorrido,
se vuelven dulces melodías que transportan
mi alma al Poder Divino.

Muchas mariposas de diversos colores,
se besan, se abrazan
y liban el néctar de unas lindas flores
y en sus patitas calzan el polen
para dar vida a otros lugares,
remotos, lejanos que invitan a querer amarlos.

En ese lugar te sueño, te anhelo,
te quiero alcanzar, alargo mis brazos para atraparte,
e escapas, te escondes, tú quieres jugar;
quiero ser ligero como hoja al viento
y poder volar a tus pensamientos.

Mira mi corazón, escuchas las cosas que quiere decirte,
poemas, canciones,
quiere contarte que muere de amores,
que llora, que siente, que muere sin verte.

Aquí siento paz, en este lugar,
bajo grandes árboles que anidan la vida.

Aquí quiero estar, pensando encontrarte dulce niña mía.

Quiero oír tus risas, quiero oír tus llantos,
que queden grabados en la vida mía
así te recuerdo, en mis agonías.

Un corazón

Un sublime sentimiento,
un ágape divino que destila miel.

La más vil penumbra no puede desvanecerlo.
Es un árbol que da fruto apacible.
De su interior titilan luces
como luciérnagas en una noche tibia en pleno vuelo.

Mitiga sus penas con un don
que trasciende las fronteras del alma.

De su ser brota un jardín
que emana óleo dulce de perdón.

La paz gobierna sus áreas más remotas,
su estrella da luz y guía el sendero más nublado.

Conoce el dolor, pero lo pasa de largo.

Su compañera y amiga es la esperanza

la fe y la sabiduría habitan su alma.

Anida en él la nobleza,
pero la humildad es su hermana,
aquella que aconseja, dobla tus rodillas.

No se entrega al egocentrismo
conoce que la vanidad engaña
que aún sin alas se levantará en vuelo.

Oda a la mujer

Te vistes de ternura, amor, de besos y caricias,
de fuerza, perseverancia y fe.

Te vistes de luz, de energía,
nace de ti esa tenacidad que irradia.

Escultura creada, esculpida en el hueso.

La más pensada criatura que pisa la tierra.

Se te otorga el don de las emociones profundas.

De tu corazón nacen los más nobles
y hermosos sentimientos,
que abrigan con calor el amor verdadero.

De tus ojos brotan torrentes de agua,
manantiales que purifican el alma.

Tu sonrisa dulce contagia pasión.

Eres árbol que da fruto,
roble que da vida a otras vidas,
no te fatigas, cumples tu misión.

Vístete de honra, vístete de azares,
de óleos que invitan a querer amarte.

Aquel que te quiere levanta un altar en su corazón,
solo al recordarte.

¡Eres tú, mujer! El arte de Dios.

Madre e hija

Esa conectividad que las une,
muchas veces conlleva un choque,
o desacuerdo entre ellas.

Al interactuar, esa misma fuerza que presentan
en actitudes tan similares,
empeño y entereza ante la vida,
las confronta a diario.

Hasta que empiezan a florecer
y a dar fruto los años,
llega ese momento que compensa lo anterior.

Queda entendido,
se parecen porque son una misma sustancia,
una fuente de virtudes indescriptibles,
que luchan con todo empeño,
para que el manantial que brota en sus entrañas
se convierta en ríos de agua dulce, cristalina,
que recorra los espacios.

Hasta alcanzar el mar de la sabiduría,
para llenar la tierra con su esencia
y la paz inunda cada día sus almas.

Se abrazan, se toman de la mano y caminan juntas, madre e hija, se aman, se conectan, se asemejan,
¡pero son distintas!

Poemas extraídos del poemario Como Cartas Escritas.

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