Políticos y sociedad orgullosa

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“Reza un antiguo adagio popular que después de la tempestad va apareciendo la calma”

Para el caso de la sociedad colombiana, se puede sacar como conclusión que el adagio antes citado no aplica para nosotros por la sencilla razón que concluida la votación del plebiscito no apareció la calma, sino que ha sido todo lo contrario, se vislumbra una nueva tempestad.

Los que dicen representar la minúscula mayor votación de la consulta, que fue la del NO, pretenden que algunos puntos del acuerdo firmado entre el gobierno y la Farc-EP sean modificados simplemente por su capricho o por la potestad que creen tener para derribar en un santiamén lo que durante casi seis años fue discutido en la Habana.

Por los lados de las huestes de los que representaron el SI, es de anotar que fueron sorprendidos por una pírrica diferencia de votos del NO, trayendo consigo reuniones urgentes convocadas por el alto gobierno para discernir con la mayoría de sus negociadores lo sucedido en la votación. El fin del cónclave fue la de establecer estrategias que no echaran por tierra el anhelado objetivo que fuera el pueblo colombiano el que refrendara la firma del acuerdo para la finalización del conflicto.

Abierto los espacios a la oposición por su pequeño triunfo, lo que quiso el Alto Gobierno fue escucharlos para conocer cuáles eran sus intenciones, y convenir la presentación de sus propuestas. Se sabe que a lo que aspiran los orgullosos de la oposición es que se modifiquen algunos puntos del acuerdo, porque según en su “sabiduría” esos puntos no son convenientes para el país. Sucede que parece ser que dichas propuestas no serán viables pero, sin embargo serán presentadas a los negociadores de la Farc-EP para que sencillamente el gobierno diga que se cumplió con el pacto, pero que la Farc-EP no aceptará.

Ante la evidente fractura de la sociedad colombiana por esta situación de carácter político, ahora lo que se respira es una aparente calma chibcha, pero que por lo que se ve venir, esa calma se podría convertir otra vez en tempestad, si los negociadores de la Farc-Ep no aceptan modificación alguna sobre lo que fue acordado con el alto gobierno. La agitación que está en el ambiente sería como la que hubo antes, durante y después del plebiscito.

Entonces queda en evidencia que los del SI están representados por la humildad, mientras que los del NO quedarían influenciados por políticos orgullosos que no solo padecen desórdenes mentales y emocionales, sino que han venido influyendo negativamente en un amplio sector de la sociedad colombiana hasta el punto de haberlos conducido a caer en la trampa del orgullo que los ha llevado arrastrados a tener una actitud de rebelión y de venganza.

Finalizo con lo siguiente: “El orgulloso cree que se merece todas las cosas”


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