Por la sensatez y el respeto

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Muchos ingenuamente creyeron que de verdad el Concejo de Cartagena se había renovado, ignorando o no queriendo reconocer, que la mayoría de los llamados nuevos, procedían y fueron elegidos, unos, con votos de casas politiqueras cuyos miembros no solo han sido cuestionados sino sancionados; y otros, como representantes de grupos económicos interesados más en la contratación pública que en el trabajo por el bien de la ciudad.

Los “honorables” de la supuesta actual renovada Corporación se estrenaron acolitando los errores de procedimiento en que incurrieron los anteriores en cuanto a la elección y/o escogencia de la persona que se desempeñaría como Contralor Distrital.

Álvaro Morales
Álvaro Morales

Obviamente, la irresponsabilidad e insensatez de estos “Honorables” no solo ha repercutido en el fallo de suspensión a dieciséis de ellos sino contra la institucionalidad y administración de la ciudad.

Los argumentos de defensa, además de baladíes y desviados de lo preceptuado por las normas, dejan ver a las claras que necesariamente tuvo que haber un “poder” superior que llevara a los Concejales a insistir en el prevaricador procedimiento de elegir en la jefatura del ente fiscalizador a una persona que no se encontraba habilitada para conformar la cuestionada terna.

La irresponsabilidad de los “renovados” los llevó a no medir las consecuencias que por sus indecorosos actos no solo podrían ser separados de su curul sino que dejarían a Cartagena sin la posibilidad de tramitar asuntos importantes para la ciudad en virtud a la norma constitucional vigente que no permite que sean remplazados mientras estén vigentes sus suspensiones.

Ahora, en virtud de la sensatez, la persona elegida como Contralora, motivo y núcleo del problema, debería, por el bien de la ciudad, dar un paso al costado y renunciar; contribuyendo con ello a mejorar la deteriorada institucionalidad del Distrito; no importando los compromisos personales, politiqueros o económicos que llevaron a imponerla como tal.

Por otro lado, también las insensateces e intereses burocráticos de Magistrados y Congresistas impedidos para votar, conllevaron a reelegir sin escrúpulos jurídicos ni éticos al hoy ex procurador, Alejandro Ordóñez. Primaron los favores personales sobre la pulcritud.

Otra insensatez es ver a nuestro gobernador desgañitarse por el SÍ al Acuerdo de Paz mientras les incumple su promesa a las niñas enfermas de El Carmen de Bolívar; que nada hace en controlar la defraudación al sistema de salud departamental; que engaña al deporte bolivarense contratando deportistas de otras regiones del país para “sacar pecho” de logros y medallas que no le pertenecen; y que además, le retrasa el pago a los pensionados.

La sensatez, hace parte del respeto por la gente y el Estado.

La sensatez, tendrá que hacer, necesariamente, parte importante de la nueva actitud que nos proponemos asumir todos los colombianos como valor indiscutible para la paz y la reconciliación en los nuevos escenarios que se aperturan con la firma del Acuerdo.

A los que administran el gobierno, y a los coadministran, les pedimos respeto y sensatez en sus actos públicos, en sus decisiones, y que depongan sus intereses personales ante el interés público. ¿Será mucho pedir?


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