Por qué compararse afecta la autoestima

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Sucede. Todo el tiempo. Aún cuando no se lo desea, cuando no se lo busca, pero aparece. Compararse con otros es casi una actividad diaria, que, como muchos fenómenos mentales, simplemente sucede sin aviso y genera una gama de sensaciones que pueden ir desde la satisfacción personal a la envidia.

Sea una cuestión física, un bien o hasta la pareja ajena. Pensar en el otro, desde la perspectiva propia, es un camino que puede ser útil para apreciar lo que se tiene o desear lo que no, y en ambos casos la respuesta psíquica puede llegar a ser problemática. Pero, ¿por qué sucede?

La psicóloga Celia Antonini explicó a Infobae que cuando comparamos, el primer error es intentar la igualdad: “No podemos hablar de igualdad cuando estamos comparando seres humanos. Cada persona es diferente. Hay más de 7.000 millones de formas de ser en el planeta tierra, una por cada habitante de la Tierra”.

“Podemos tener muchas coincidencias con los demás, pero seguiremos siendo únicos e irrepetibles. Como seres gregarios que somos, tendemos a juntarnos y arrimarnos a aquellos que tienen algo en común con nosotros, algo que nos hace sentirnos que estamos en la misma sintonía, podemos compartir la misma pasión por la lectura, el deporte, la política, la religión o lo que sea, pero eso no nos hace iguales”.

“Todo esto nos hace coincidentes en un aspecto de nuestra vida, en el resto somos diferentes. Tenemos distintas costumbres, diferentes manías, otros gustos por la comida, otros rituales, otra manera de pensar sobre otros temas, es decir, somos otro. La única coincidencia al 100% es con nosotros mismos”, agregó Antonini.

Para la especialista la comparación constante puede producirse por una multiplicidad de factores. Y muchos de ellos pueden llevar a lugares equivocados, a tomar posturas o formar pensamientos que generan más daños que beneficios.