Más allá de ultramar se le llama al polígono centroamericano «tierra de poetas». Pero antes, desde la tradición mesoamericana los nicaraos recitaban cantos lúgubres cuando hacían sus ritos y sacrificios. De ellos, precisamente, procede el Canto al Sol, la más primitiva manifestación poética prehispánica, agregamos a esta etapa el Lamento de los Chorotegas. De nuestras tribus originarias heredamos canciones y testimonios orales que se hicieron leyenda, mito y cuentos de camino. Toda esa literatura ha marcado desde hace siglos los caminos de la poesía nicaragüense revelando nuevas interpretaciones del mundo a través de la poética. Desde entonces, la tierra de Nicarao y Diriagén ha desgranado en versos las realidades cruentas de su historia.

Hoy, con el mismo atabal de los caciques de la Nicaragua prehispánica Hermógenes, revive su preocupación por el devenir histórico de su patria. Distanciado de toda pirotecnia verbal y de forzados recursos expresivos. Se vuelve orfebre de las púas, con la amarga realidad de la vida, asqueado de tanta maldad. El poemario se inaugura con un verbo en primera persona conjugado en el modo subjuntivo y empieza:

quisiera aniquilar los tabúes con mis versos,
tener magia en la palabra para escribir la libertad de muchos.
La codicia del poder enjauló la vida y la esperanza tras gruesos barrotes,
y los sultanes crearon leyes para mancillar y para matar.

Son muchos «quisieras» que acompañan estos versos, muchos sueños e ideales. La lira de Orfeo desprendió en Hermógenes notas de desencanto. Él ha mirado a Cerbero delirante, abrir sus fauces y devorar la libertad, la esperanza y la ilusión.

Odia a tu prójimo,
como no te odiarías a ti mismo,
dale una bofetada
cuando exprese su deseo
de una sociedad libre
de dictaduras,
no permitas que el demonio
de la bondad
les obligue a matar la sed
del que pide agua.

Hermógenes no piensa ni faunos, ni centauros, ni en castillos encantados, ni princesas, ni en frases irisadas a la manera rubendariana. ¡Ya no hay cisnes ni princesas qué cantar! No. En este poemario no faltan los versos que cuestionan la justicia; clama y se pregunta desde el ángulo de la nostalgia y a veces de la impotencia movida por el desencanto y la tristeza.  Es esta la historia inmediata que galopa aciaga en las arenas de la indiferencia, el desengaño y la infamia.

El profeta Job del Antiguo Testamento, exclamaba: Yo grito: ¡Violencia!, pero no obtengo respuesta; clamo pidiendo ayuda, pero no hay justicia. (Job: 17, 9). La voz del profeta se escucha de sur a norte en todas las latitudes del hemisferio. Y el poeta dice:

¿Dios liberó?,
¿libera o encarcela a los cubanos?.
¿A Dios le gusta que hayan superpotencias
dominando a los países pobres?
¿Dios juega al ajedrez con el diablo?
¿Nosotros somos las piezas de su juego?
Y…
¿dónde está Dios que no responde.

 Existen mil maneras de poetizar el mundo, las voces poéticas se yerguen desde diferentes visiones. Si algo no podemos perder de vista que la poética nacional se ha tejido desde las luchas, las divergencias ideológicas y políticas de los pueblos. Gioconda Belli, oportunamente asegura que la poesía ofrece posibilidad de asumir desafíos; de plantear problemáticas e intentar dar respuestas sin rubores, seguros del error inevitable y convencido de apostar al futuro. Bien lo dice nuestro autor en su poema El inmigrante:

El inmigrante atraviesa fronteras para salir de la pobreza,
para conquistar su libertad, para llevar pan a la mesa.
El inmigrante es un campesino que deja el arado tejiendo
esperanza con el color de las milpas para
volver con los medios para hacerla parir.

La poesía sigue jugando un rol importante, histórico si se quiere, y desde abril enfrenta nuevos retos. No solo es una venta de escape, o un modo de plantear las reyertas contemporáneas, sino de proponer desde las utopías para empezar a caminar, para seguir luchando por lo que creemos y por lo que queremos para las nuevas generaciones. El mismo autor se ha planteado en sus cuatro décadas que quisiera poder transformar este mundo atiborrado de egoísmo. Que estas utopías poéticas nos sirvan de reflexión y, además despierten en nosotros el deseo de aportar un granito para edificar un mundo mejor. Felicito a su autor por este esfuerzo, por el deseo constante de aportar a letras de la patria que entre lagos y volcanes lo vio nacer.

Por: Harlan Oliva Regidor
(Nació en Jinotega, Nicaragua en 1981). Se licenció en Lengua y Literatura en la UNAN en el año 2010. Ha sido técnico, promotor y coordinador de proyectos sociales. Laboró en Gesaword, Panamá como consultor de diversos proyectos. En el país canalero imparte diversas cátedras en la Universidad Interamericana de Panamá. Ha publicado diversos artículos y cuatro libros, el último, Rubén Darío en Panamá (2016).