Todos hemos prestado dinero a familiares o amigos que estén viviendo una crisis económica, y lo hacemos por muestra de compasión, y porque como seres humanos debemos apoyarnos mutuamente. Los cambios de la vida son imprevistos, hoy podemos estar bien en todo y mañana mal.

Ayudar a alguien que verdaderamente necesite y si está a nuestro alcance debemos hacerlo, pero en ocasiones con mucha generosidad brindamos apoyo y nos terminan decepcionando y se hacen los olvidados de la deuda.

También puede ocurrir que las personas, después de la crisis financiera, prosperan enormemente y se alejan de nosotros para siempre, olvidándose del favor que con esmero le auxiliamos apoyándolos oportunamente en los momentos difíciles. Por eso debemos agradecer eternamente a quien nos brinda su apoyo cuando lo precisamos.

Prestar dinero es un riesgo de perder la vida o quizás la amistad. Así descubres si este amigo te es leal, si es buen pagador merece llamarle amigo y si no mejor procura alejarte, puede contagiarte de su mal. Es un error aprovecharse de quien con nobleza te sirve cuando lo necesitas. En la próxima pueda que tenga otra emergencia y si solicita ayuda a quien le ha quedado mal, no podrá servirte…

Innumerables personas han tenido mala experiencia. No tuve el placer de conocer a mi abuelo materno. Mi abuela me ha narrado que por haber sido tan generoso lo asesinó un moroso a sus 40 años de edad.

Fue un varón sociable, servicial y amigable, fue un selecto emprendedor y negociante, él le prestó dinero a un amigo que tenía más de 20 años de conocerlo y un día después de muchos meses que no le pagaba, él le cobró y mejor no lo hubiese hecho, lo hizo porque necesitaba su dinero, el plazo del préstamo fue para un mes y habían pasado seis meses, y nada que le pagaba.

Un día mi abuelo y uno de sus trabajadores se fueron para otro pueblo y después de varios minutos de haber caminado, se encontró con el señor que le debía, se saludaron y hablaron y después con suma educación mi abuelo le dijo: “mira amigo, necesito mi dinero. ¿Puedes conseguírmelo, por favor? Estoy mal financieramente”. Y el señor le respondió: “mira, este es tu pago”.

Instantáneamente, sacó de su cinto una 9 mm. Y con tres disparos en el pecho fue suficiente para quitarle la respiración. El empleado fue testigo de ese horripilante crimen. Hacer préstamo de capital en múltiples oportunidades es lamentable, lo ideal es no hacerlo. Mejor “presta solo la cantidad de dinero que puedas darte el lujo de perder”.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
El chico poeta