Una revelación de la estrella de Hollywood hizo famosa a la enfermedad, también conocida como ‘ceguera de caras’. Actualmente se cree que el trastorno afecta al 2% de la población mundial, aunque muchos pueden padecerla sin saberlo.

El rostro del actor estadounidense Brad Pitt debe ser uno de los más conocidos en el mundo. Sin embargo, no sucede lo mismo al revés: difícilmente la estrella de Hollywood pueda identificar el rostro de una persona que lo saluda, incluso si la conoce desde hace años.

Fue en 2013 cuando, en una entrevista con la revista Esquire, Pitt contó por primera vez en público el drama que vivía: «Mucha gente me odia porque piensa que les estoy faltando el respeto», afirma, en relación a la cantidad de veces en que un conocido lo saluda y él simplemente no puede reconocer.

En aquella entrevista, el actor reveló que comenzó a recurrir a algunos trucos para intentar sobrellevar ese tipo de situaciones, aunque no siempre resultaban bien. En efecto, ante el saludo de alguien a quien no podía reconocer, Pitt comenzó a optar en un momento por responder «¿dónde nos conocimos?». El resultado, confesó, fue que la gente «se ofendía todavía más».

Por eso, el actor siempre agradece con un «gracias por ayudarme» cuando alguien le da un «contexto» para poder reconocerlo, más allá de su rostro.

Aquella entrevista demostró lo problemático que resulta la prosopagnosia para una persona y cómo la reacción negativa de los demás puede incrementarse cuando el que la padece es alguien famoso. «Tienes gente diciendo ‘estás siendo egoísta, estás siendo engreído’ pero es un misterio para mí. No puedo captar una cara y eso que vengo de un punto de vista del diseño y estético», confesó.

Por supuesto que las palabras de Brad Pitt hicieron que el trastorno se hiciera mundialmente conocido. Muchas más personas se enteraron de que el término prosopagnosia fue creado por el neurólogo alemán Joachim Bodamer, que en 1947 examinó a un joven combatiente alemán que, luego de haber recibido un golpe en la cabeza, no podía reconocer los rostros de sus allegados.

Según Bodamer, aquel trastorno se definía como «la interrupción selectiva de la percepción de rostros, tanto del propio como del de los demás, los que pueden ser vistos pero no reconocidos como los que son propios de determinada persona».

Se distinguieron dos clases de prosopagnosia, una congénita, en la que el individuo nunca llega a desarrollar la capacidad de identificar los rostros, y otra adquirida, en general producto de una lesión cerebral, como el caso estudiado por Bodamer y que dio nombre al trastorno.

Originalmente, los científicos creían que se trataba de una enfermedad rara. Sin embargo, estudios realizados en los últimos años estiman la prevalencia de la prosopagnosia en el 2% de la población.

De todos modos, se cree que el trastorno puede estar subdiagnosticado, puesto que muchas personas con esta afección tienden a desarrollar estrategias para evitarse los malos momentos. Así es que muchos apelan a recordar mejor la voz de la persona que les habla, su ropa, cabello o algún otro tipo de seña particular.

Incluso las personas diagnosticadas con prosopagnosia deben recurrir a estos trucos, dado que se trata de una enfermedad que no tiene cura o tratamiento conocido al día de hoy.