Los equinoccios son los momentos del año en los que el Sol está situado en el plano del ecuador celeste. Ese día y para un observador en el ecuador terrestre, el Sol alcanza el cenit – el punto más alto en el cielo con relación al observador. El paralelo de declinación del Sol y el ecuador celeste entonces coinciden.

El equinoccio de septiembre es el segundo del año y, en el hemisferio norte, marca el final del verano y el inicio del otoño. El otoño culmina con el solsticio de diciembre, cuando inicia el verano astronómico.

Por otro lado, para los meteorólogos, el otoño en el hemisferio norte inicia tres semanas antes el equinoccio de septiembre – el 1º de septiembre – y termina el 30 e noviembre.

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Los equinoccios no duran todo el día, aunque mucho lo celebran así. En cambio, ocurren en el momento exacto en que el sol cruza el ecuador celeste – la línea imaginaria en el cielo sobre el ecuador de la Tierra. En ese instante, el eje rotatorio de la Tierra no esta inclinado desde ni hacia el Sol.

Aunque el equinoccio de septiembre suele ocurrir el 22 o 23 de ese mes, en raras ocasiones puede ser el 21 o 24 también.

La fechas del equinoccio varían debido a la diferencia entre la forma en que el calendario gregoriano define un año (365 días) y el tiempo que en realidad tarda la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol (cerca de 365 y ¼ de días). Esto quiere decir que cada equinoccio de septiembre ocurre aproximadamente 6 horas después que el del año anterior.