Que vaina, se nos fue el gordo Arias

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Difícil escribir cuando son los sollozos y no las palabras los que afloran a nuestro ser, cuando los ojos nublados por las lágrimas nos impiden leer lo que escribimos al no tener la valentía de improvisar en una circunstancia tan difícil como esta. El silencio triste de la muerte ha callado su voz y nos ha privado de su presencia dejándonos sumidos en honda tristeza,

Las palabras, no capturan la belleza de los dones y talentos de la vida de Miguel Ángel Arias Baquero.  Se nos va un ser querido, un buen amigo, un compañero, y por ello se nos arruga el alma y nos hace reflexionar de lo frágiles que somos ante este maldito virus. En un momento difícil como este comprendemos el valor de las pequeñas cosas de la vida y todas ellas eran parte de las lecciones que disfrutamos quienes tuvimos la fortuna de compartirlas con Miguel Ángel: un abrazo, un consejo, un café, una amena conversación, una asesoría, momentos que poco a poco iremos entendiendo como los más grandes y sublimes y que hacen parte de la herencia de amor y amistad que este varón esforzado y valiente nos deja.

El Señor nos prestó a Miguel Ángel para hacer un curso intensivo de como amar a alguien como se ama los más querido y era solo un préstamo que termino este 4 de julio a sus 60 años de edad. Agradecemos a Dios por su vida, por su alma buena, por su don de gente, por su solidaridad, por el inmenso amor que profeso a su familia, por ser un padre ejemplar, hermano, tío, compañero, maestro sin igual, amigo, consejero, un profesional integro, transparente como pocos, que llego siempre a cargos de relevancia por su inteligencia y profesionalismo. Un abogado apasionado que amaba este país y le dolían sus injusticias y aunque   intento cambiar el rumbo de la tormenta, le quedaron cosas por hacer y por decir que esperamos sean realizadas por su generación, con las que soñaba para abrirles puertas siempre y cuando estudiaran para que nadie les quitara lo bailado, por lo que el mayor tributo a su memoria será imitar siempre sus buenos ejemplos.

Se ha apagado la luz de un ser extraordinario que llevaba siempre un mensaje de esperanza por lo que le recordaremos como un hombre que vivió conforme a sus convicciones, ideales políticos y principios innegociables. Un líder honesto que dejo verdades que han de permanecer en el seno de su familia y en el liderazgo apercibido de esta ciudad que tanto amaba.

La muerte no nos roba a nuestros seres queridos, al contrario, los inmortaliza en nuestro recuerdo y allí habitara por siempre.  Miguel Ángel tu partida te ha llevado a un lugar celestial de privilegio y aunque ya no vivirás entre nosotros ahora vivirás en nosotros. Que vaina, se nos fue el gordo. Hasta siempre, Miguel Ángel.

Por: Carlos Alberto Arias Baquero