¡Quítate dos años de encima!

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Míranos a la cara (o, mejor dicho, a la pantalla) y confiesa: la verdad es que no te importaría parecer un poco más joven y, en general, tener un mejor aspecto. ¡Todos queremos! Pero el poquísimo tiempo del que dispones últimamente para dormir en condiciones y comer bien le ha empezado a pasar factura a tu rostro. Tono apagado, falta de luminosidad, rojeces, ojeras, palidez… Hay varios síntomas. Y, por suerte, varias soluciones.

La mayoría de ellas son más sencillas de lo que podrías imaginarte en un principio. En términos generales, el quid de la cuestión es la constancia. Se dice que uno tarda 21 días en adquirir un hábito. ¿Qué tal empezar hoy mismo con algunos de estos? Son muy fáciles y sus recompensas saltarán a la vista.

  1. Bebe agua Un clásico. Lo de las modelos que contestan que su ‘secreto de belleza’ es beber 2 litros y dormir 8 horas al día (estaría mal visto que contestasen en plan “soy guapa porque nací así”) tiene su parte de realidad. La elasticidad y solidez de la piel dependen en gran medida del nivel de agua que tiene la epidermis.
    Aunque es cierto que sólo una pequeña parte del agua llega hasta las capas exteriores de la piel, procura que no te falte. recuerda que no tiene por qué ser siempre agua mineral: las frutas, las verduras las infusiones, los zumos, el café o incluso la carne también llevan agua de manera natural. Eso sí: procura tener una botella o un vaso en la mesa del trabajo y otra en la mesilla de noche. Si siempre la tienes en tu campo de visión, te costará menos acostumbrarte a beberla a menudo.
  2. Limpia tu piel Si pudieras ver con un microscopio todos los pequeños organismos que viven pegados a tu cara, seguramente cambiaría tu concepto de ‘limpieza’. Sobre todo si vives en una gran ciudad, vives rodeado de polvo y partículas en suspensión que literalmente se pegan a tu piel. Y allí permanecen plácidamente, campando a sus anchas… a no ser que hagas algo por evitarlo. Un limpiador que atrape y elimine la suciedad, como el gel purificante a base de carbón magnético de L’Oréal Men Expert, suele funcionar. Lo ideal es utilizarlo, al menos, una vez a la semana.
  3. Hidrata tu piel Vale: beber agua es importante para la salud en general pero, tal como hemos dicho, sólo una parte llega hasta la piel. ‘Darle de beber’ a tu piel consiste en hidratarla con una crema específica. Es imprescindible hacerlo cada vez que uses un gel limpiador, además de por la mañana y por ka noche. Para que tu piel la absorba al máximo, aplícala en círculos (y no te olvides del cuello).
  4. Toma vitamina C Esta vitamina es una de las más importantes para el órgano más grande que tienes en el cuerpo (no, no está en tu entrepierna; es la piel). La razón es que actúa como un antioxidante que combate la acción de los radicales libres, luchando así contra el envejecimiento prematuro. Eso incluye la prevención y reducción de las manchas causadas por el sol, gracias a que contribuye a distrubuir la melanina (que le da a la piel su pigmento natural). La vitamina C no puede ser producida ni almacenada por el organismo, por lo que es indispensable tomarla a través de la dieta. Pero, como en el caso del agua, no todo lo que consumes va a la dermis. Por eso es importante elegir una crema hidratante que contenga vitamina C.
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