Todo ser necesita ser amado,
amado en gratuidad,
para sentirse alguien
en este mundo de deseos,
sometidos a la mente,
pues han de obedecer:
tanto al corazón del yo,
como a la razón de vivir,
¡viviendo conforme amo!.

No hay mayor sentimiento
que el amor correspondido,
que el amor sin medida,
que el amor sin intereses,
que el amor sin temores,
que el amor sin enconos,
para no perder la capacidad
de concebirnos amados,
¡por siempre y para siempre!.

Quién vive en el amor,
resucita cada amanecer,
renace en los ocasos,
revive en las noches,
injerta vida donde no la hay,
pues amando se reparten pulsos,
latidos que nos hacen crecer
y recrearnos en lo armónico,
¡tanto en alma como en cuerpo!.

Una armonía que nunca
viene porque sí, a nosotros,
que hay que cultivarla
a diario, y conquistarla,
para entenderse en paz
consigo mismo y los demás,
en ese equilibrio natural
por el que soy el que soy,
¡Amor a pesar de los pesares!.

Por: Víctor Corcoba Herrero
Víctor Corcoba Herrero

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