Uno tiene que ganarse la autoridad,
con la auténtica composición del verbo,
y con la coherencia de sus acciones.
¡Qué toda acción no es reacción,
sino creación de nuestro pensamiento!

Hemos de ser el ser que se interroga,
que busca y rebusca la existencia
por doquier urbe y orbe viviente.
¡Qué la enérgica suma de pulsos
del pasado, conforman el presente!

Despojémonos de todo, sí, ahora
que vamos en camino, antes
de que nos sorprenda la muerte.
¡Qué nadie es tan frondoso
para que no pueda desplomarse hoy!

Hemos de salir de nosotros mismos,
para perdonarnos y donarnos,
más allá de este espíritu terrenal.
¡Qué el mundo ha sido creado
para ser recreado y poder desvivirse!

Lo poco que somos, si se comparte,
se vierte y se convierte en poesía,
y es la poesía la que injerta amor.
¡Qué amar es hallarse en el otro,
para gozarse y ser feliz hermanados!

Ese pan vivo, descendido del cielo,
que nos alza y realza a lo inmortal,
pues la eternidad viene de Dios.
¡Qué aunque no se le ve,
se le siente, pues todo habla en verso!

Sólo hay que tomar la cruz consigo,
guardar usuras, anunciar lo armónico,
y renunciar con empeño a lo mundano.
¡Qué esta morada es un río que riega,
para que todo brote en su curso de vida!

Porque el poder de la poética,
nos trasfigura en seres con alma,
y un alma en gracia es camino.
¡Qué el pasaje nos encamine
hacia sí mismo, juntos en la senda!

Atrás queda el caminante,
con su plegaria de mil dolores,
para unirse y reunirse con la luz.
¡Qué el alba nació con nuestro andar
en procesión, posesionando el silencio!

Pues cuánto más se sumerge
el viandante en la pureza,
más es capaz de crecer y asistir.
¡Qué la inspirada lírica nos asciende
para remontar el horizonte y abrazarnos!