Una campaña de una organización ambientalista permitió que un granjero local revelara una historia que había guardado en silencio desde la década de 1980.

Durante más de 30 años, la aparición de fragmentos de teléfonos de juguete amarillos con la forma del gato Garfield en la costa de Bretaña han sido una pesadilla para las autoridades y los ambientalistas de esta histórica región al noroeste de Francia. Hasta ahora, era un misterio cómo el mismo tipo de desecho pudo seguir contaminando las playas de la zona durante décadas.

Todo cambió cuando el grupo medioambiental Ar Viltansou recolectó en el 2018 más de 200 auriculares y pequeñas partes del juguete y decidió utilizarlos como símbolo de su campaña contra la contaminación plástica del mar. Las imágenes, difundidas ampliamente por los medios de comunicación locales, atrajeron la atención del granjero bretón René Morvan. Él sabía cuál era la ‘fuente renovable’ de estos misteriosos objetos.

El hombre se puso en contacto con los activistas y les relató una historia que había guardado en silencio a lo largo de estas tres décadas. Después de una fuerte tormenta en los años 1980, él y su hermano vieron los teléfonos amarillos esparcidos por la rocosa costa cercana a la población de Plouarzel. Tras seguir su rastro, llegaron a una cueva próxima donde encontraron un contenedor medio destruido.

«Estaba abierto y muchas de las piezas que transportaba ya no estaban, pero había un montón de teléfonos», contó Morvan a la televisión France 3 mientras conducía a los periodistas y ambientalistas hasta el lugar. El grupo pudo cerciorarse de que el contenedor seguí allí, roto, oxidado y atascado entre piedras.

«Es un desperdicio que tiene más de treinta años y aún encontramos piezas casi nuevas», declaró Fabien Boileau, gerente del Parque Natural Marino de Iroise, en cuyo territorio se encuentra la cueva. Advirtió que algunos de estos desechos terminan en microplásticos, mientras que otros quedan intactos y tardan largos años en desaparecer.

Sin embargo, parte del misterio permanece aún sin resolver, ya que aún no se ha logrado establecer el origen del contenedor. ¿De qué buque de carga cayó? Aunque no se tiene constancia de ningún reporte de pérdida registrado en aquella época, el medio señala que cada año se pierden en el mar entre 1.500 y 15.000 contenedores.