Esta reseña a esta última obra de la gran escritora, María Beatriz Muñoz por la que siento una inclinación y admiración que traspasa la emoción misma.

En esta reseña, quizás vaya un paso más allá y me despoje de la intimidad que tan celosamente reservo en aras de la sobriedad.

Es una obra que retrata con una exactitud desde la emoción, como pocas veces he leído, la realidad de la vida que en palabras de la autora afirma:

“Nada es eterno.
Vivimos, ardemos
y desaparecemos…”

Yo que tengo el placer de conocerla, de haberla tratado puedo afirmar que es ver como la autora se despoja de su intimidad para mostrarnos su esencia más profunda e íntima.

Una obra que desnuda su alma y en un acto de extrema generosidad la ofrece en bandeja de plata en esta su última obra, de su larga y exitosa carrera como escritora y Directora de la revista digital ONE STOP y su trabajo como infatigable columnista internacional.

Esta obra es un retrato íntimo de una mujer, de una persona y de la vida, la tuya, la mía y la de tantos millones de almas que nos decimos hombres y mujeres.

La emoción es es papel en blanco que se escribe con los colores de la vida. La vida no sólo se vive, se guarda en la memoria de momentos y que esta escritora pinta con las palabras lo mismo que un escultor saca vida de algo inerte como es la piedra.

El broche de oro de esta obra lo pone el gran columnista internacional, promotor cultural, poeta y destacado representante de la nueva literatura que es Carlos Jarquín y prologuista de la obra que como él mismo escribe “la vida es un tesoro exquisito e invaluable, un tesoro copioso de inexplicables e incontables misterios, pero son tales misterios los que hacen que este viaje por el mundo sea único y especial”.

Un resumen perfecto de esta obra de esta gran escritora que tiene un don, de alguna manera “sobrenatural” de captar la esencia de todos aquellos que se acercan a su obra y a su persona.

Una obra que partiendo de la realidad y destacando palabras de la propia autora:

“El mundo no es justo,
quizás estemos haciendo algo mal,
quizás, debamos combatir
de otra forma al que hiere
y mata sin piedad”.

Una obra que es un canto a la esperanza, especialmente en tiempos inciertos y convulsos , lo que hace que su lectura casi sea de “obligado cumplimiento” para restaurar la alegría , la esperanza desde la fábrica de sueños que todos tenemos en nuestro corazón y que evocamos desde el alma.

Por José Luis Ortiz Güell